Allanaron las oficinas del escribano que vinculaba a Cristina y Báez

Se trata de Leandro Albornoz, uno de los intermediarios de confianza en los negocios entre la ex presidenta y el empresario.

El juez Sebastián Casanello y el fiscal Guillermo Marijuán se pasaron el día de ayer trabajando en sus oficinas de los tribunales de Comodoro Py. Dictaron varios allanamientos en diferentes provincias, entre ellos a las sedes de la constructora Sucesión de Adelmo Biancalani, que pertenece al grupo de Lázaro Báez e hizo varias obras en Chaco durante la gestión de Jorge Capitanich. También enviaron a la Gendarmería Nacional a las oficinas de Río Gallegos de Leandro Albornoz, escribano e intermediario entre la ex presidenta Cristina Kirchner y Lázaro Báez.

El nombre de Albornoz es clave para entender que, durante esta década, los negocios y transacciones comerciales entre el matrimonio Kirchner y el empresario Lázaro Báez tuvieron intermediarios de confianza. En el entramado de nombres, no sólo hubo abogados para garantizar que se concreten las operaciones, sino también escribanos del círculo íntimo.

Zapiola 180 en Río Gallegos, capital de Santa Cruz, es un domicilio que la justicia no pasa por alto. Se trata de la escribanía de Albornoz, hombre de confianza e imprescindible en varios negocios entre los Kirchner y el empresario K a quien le certificó el 80% de sus sociedades. El año pasado la AFIP pidió las declaraciones juradas de la presidenta Cristina Kirchner, sus hijos Máximo y Florencia, de Lázaro Báez y también de Albornoz, a quien la justicia ya le abrió una investigación, reveló Infobae. El hombre de “la firma segura” como lo definen en la capital santacruceña.

Su vinculación como escribano y responsable de algunas sociedades que concretaron millonarios negocios entre los Kirchner y Báez, cuenta con varios antecedentes. Desde su conformación, fue presidente de Valle Mitre SRL, firma que administró tres hoteles de la Presidenta: Las Dunas, Alto Calafate y La Aldea. Con dicha empresa y otras siete de Báez, garantizó sumas millonarias a la familia presidencial alquilando habitaciones de los hoteles Alto Calafate, Las Dunas y Los Sauces por $14,4 millones entre 2010-2011, reveló La Nación.

Entre las sociedades que el escribano constituyó desde 2003, se encuentra La Aldea del Chaltén que integra el grupo de hoteles de Cristina y que son administrados desde diciembre de 2013, por la empresa Idea SA de la socia de Máximo, María José Fernández Clark. Con estrecha relación con el escribano, aparece otro hombre K. Se trata de Alejando Baldini, con quien Albornoz formó dos firmas: Proyectar SRL y en sus comienzos Valle Mitre. Baldini integra la lista de conjueces kirchneristas aprobada el año pasado por el Congreso, y fue el responsable de llevar adelante la operatoria financiera para vaciar la constructora Gotti Hermanos y beneficiar a Austral Construcciones.

También representó a Invernes la financiera de Ernesto Clarens investigada en la cauda de lavado de dinero. El escribano amigo fue además quien certificó la venta del chalet de Río Gallegos del ex presidente a Báez. La oposición denunció que la propiedad de 625 m2 fue adquirida por una suma diferente a la declarada. El matrimonio Kirchner en sus declaraciones juradas, especificó que por la vivienda percibió $ 3.170.000; la operación, sin embargo, se habría concretado en unos $700 mil, según se desprende del costo de escrituración.Albornoz certificó algunos negocios de Osvaldo “Bochi” Sanfelice, empleado de Cristóbal López desde 2009, integrante del directorio de Hotesur investigada por el juez Daniel Rafecas y también socio de Máximo en el rubro inmobiliario.

En 2010 certificó que el conjuez Baldini junto a su esposa cedían a Sanfelice y su señora las acciones de BMC SRL -dedicada a la hotelería-, fijando como nuevo domicilio la inmobiliaria de Máximo.Para certificar tres empresas familiares, los Kirchner eligieron al escribano Jorge Ludueña. Se trata de El Chapel, la inmobiliaria de Máximo y el hotel Los Sauces bajo la lupa de la justicia.
CLARIN

Paula Ravier

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