cfk juntó 51 intendentes de la provincia y le pegó a Scioli y Randazzo por la derrota

Cristina Kirchner consiguió casi quórum perfecto entre los intendentes bonaerenses, luego que durante horas varios de ellos amenazaran con faltazos masivos que finalmente no se produjeron. Sobre un total de 55 intendentes en la provincia de Buenos Aires, 51 dijeron presente en las oficinas del Instituto Patria y sólo dos se ausentaron por decisión política: Mario Ishii, Gabriel Katopodis y Alejandro Granados.

Fueron dos horas y media de charla con ella sola sobre una tarima y los alcaldes desparramados en sillas de plástico. Pocos creyeron que haya cambiado algo, aunque reconocieron la voluntad de Cristina de ponerle el cuerpo al debate y ahorrarles la incomodidad de un entorno monopolizado por La Cámpora, que detestan. Hábil, Cristina apenas sentó en el fondo a Julio de Vido, un amigo de la casa para los intendentes.

Cristina estuvo de acuerdo con los pedidos de unidad de algunos intendentes, pero incorregible los conminó: Unidad si, pero veamos bien con quien hacemos la unidad.

“Esto pasa por culpa de Macri que le regaló todo el escenario”, se lamentaba a un intendente que, como todos los presentes, creyó que no podía faltar. “Cristina transformó una citación judicial en un hecho político y de ahí pasamos a esta convocatoria”, agregó desesperanzado, ante el resurgimiento de un liderazgo que consideraban en vías de rápida extinción. La lectura peronista sobre la inconveniente torpeza política del Gobierno de Macri -para los peronistas que quieren ser dialoguistas- no es nueva y fue anticipada por LPO.

Por las dudas, los intendentes consultados por LPO coincidieron en un diagnóstico: Su presencia en la reunión no significa que acepten docilmente la conducción de Cristina. Lo enmarcaron en una cuestión de “respeto” hacia la ex presidenta, pero también se cuidaron de no cerrar ninguna puerta: “La conducción del peronismo la va a definir la gente, el año que viene miraremos las encuestas y se ira perfilando”, puntualizaron. Pero fue evidente el cimbronazo.

Los 51 intendentes del peronismo bonaerense apiñados en uno de los salones del Instituto Patria.

Los intendentes del interior, siempre más irreverentes, le pidieron una autocrítica por lo que entienden fueron fallas de conducción que desembocaron en la derrota electoral. Rápida para entender a donde apuntaban, Cristina se apresuró a responder. “La derrota fue culpa mía, no culpemos a los chicos, que son unos capos”, dijo palabras más, palabras menos, en referencia a La Cámpora.

Pero fiel a si misma, enseguida repartió culpas: Habló de los problemas en la “campaña de los candidatos”, un dardo para Daniel Scioli; y de “los que se bajaron y no quisieron ser candidatos”, en alusión a Florencio Randazzo. “La autocrítica de Cristina dio para un 30 por ciento”, bromeaba un alcalde.

Luego pidió “defendamos a Julio y Axel”, y no hizo ninguna referencia a las causas que acumula.

Críticas a Macri
Cristina abrió la reunión con una introducción conciliadora, consciente de que no pocos guardaban broncas. “Esto no es un cuadrilátero ni una demostración de fuerza. Es una reunión de compañeros para discutir el futuro político”, se presentó, en la sede de Rodríguez Peña 80, con una gigantografía de la Plaza de Mayo llena como telón de fondo.

“Podemos tener una charla sincera, abierta y discutir la política del país”, siguió, para luego pegarle a Macri por “la brutal transferencia de recursos de los pobres a los sectores más ricos y concentrados”. Cuestionó además que el tarifazo se haya hecho de un saque y dijo que el actual Presidente “debió escalonarlo en tres o cuatro pasos”.

Tocados, algunos intendentes le explicaron que ellos tienen “responsabilidad territorial”, una manera de decirle que necesitan el diálogo con el Gobierno nacional para que les baje plata para obras. Inmune, Cristina reprochó que le hayan aprobado el presupuesto a la gobernador María Eugenia Vidal, confirmando la versión de José Ottavis, que fue ella quien le ordenó boicotearlo.

Tensión con Pereyra
Lo cierto es que los famosos barones del Conurbano o ya no existen o están muy domesticados. Lejos de los reproches y amenazas que enarbolaron cuando recién este viernes a Cristina se le ocurrió convocarlos, el encuentro fue casi una charla académica.

Sólo pareció que la situación podía desmadrarse cuando Julio Pereyra, intendente de Florencio Varela, le recriminó la alianza de Nuevo Encuentro con el PRO que le dio a esta fuerza la presidencia de su Concejo Deliberante.

“Yo le dije a Martín Sabbatella que eso estaba mal. Pero también es cierto que si ustedes dicen que yo no conduzco, no puedo intervenir”, devolvió el reproche la ex presidenta.

Los que no se animaron a cruzarla fueron Marín Insaurralde (Lomas de Zamora) y Fernando Espinoza, ex intendente de La Matanza pero dispuesto a escoltar día y noche a su sucesora Verónica Magario. Ayer, Insaurralde pareció desafiarla a través de una foto que publicó su novia, la modelo Jesica Cirio en Istagram, que daba a entender que estaba en otra cosa.

Hoy, ninguno de ellos abrió la boca. La presencia más llamativa fue la de Espinoza -hoy alineado con Scioli- porque lo habían escuchado despotricar contra Cristina en un almuerzo. No imaginaban que quisiera escucharla.

Francisco “Paco” Durañona (San Antonio de Areco) y Jorge Ferraresi (Avellaneda) se deshicieron en elogios, Magario y Hernán Yzurieta (Punta Indio) reseñaron los problemas socioeconómicos de sus distritos. Otro cristinista furioso fue Juan Mussi (Berazategui).

Los intendentes esperaron en vano que cerrara con un plan de trabajo para adelante y alguna definición sobre el futuro del PJ hoy en camno a quedar en manos de Gioja, Scioli y los gobernadores. No les dio el gusto. “Vino cuando quiso habló y no sabemos cuando vuelve”, se lamentaban.

Redacción Concordia Directo

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