Como entender a las tarjetas de crédito y el posible fin de las cuotas sin interés

El Gobierno cree que los grandes comercios “subsidian” los planes de pago al cobrar más caro a quienes abonan al contado o en una cuota. Los bancos advierten que deja de serles redituable financiar a tasa 0. Los comerciantes se quejan por los costos.

¿Estamos ante el final de las cuotas sin interés? Este es el fantasma que sobrevuela la guerra de las tarjetas de crédito, la puja entre el Gobierno, los comercios y los bancos que comenzó hace unas semanas y recrudeció ayer, cuando el Ministerio de Producción denunció la cartelización de los emisores de plásticos y los altos costos que les cargan a comerciantes y consumidores.

QUIÉN ES QUIÉN

La historia comenzó hace unas semanas, cuando la Cámara Argentina de Comercio (CAC) y la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME) comenzaron una campaña para reducir las comisiones que los bancos les cargan a las ventas con tarjeta de crédito.

Sostienen que las comisiones que pagan por estas operaciones son las más altas de la región. Por cada compra con tarjeta de crédito, el comercio debe dejarle a los bancos emisores el 3% más IVA del ticket. Las operaciones con tarjeta de débito pagan el 1,5%. Son los máximos dispuestos por la ley 25.065.de tarjetas, que data de 1998.

El reclamo fue escuchado en el Congreso. La Cámara de Senadores dio dictamen a un proyecto para reducir esas comisiones a la mitad. CAME calculó que en los últimos doce meses, los comercios pagaron a los bancos $ 14.563 millones por comisiones de ventas con tarjetas de débito y crédito.

Reducir las comisiones a la mitad implicaría una transferencia de recursos de $ 8600 millones, según los cálculos de CAME. ¿Eso bajará los precios de los productos o recompondrá los márgenes de ganancia de los comercios, deteriorados por la inflación y la caída del consumo de los últimos meses?

Los bancos dicen que no. Según un informe ad-hoc que preparó la Cámara de Tarjetas de Crédito y Compra (Atacyc) para el debate con los senadores, la reducción del arancel “no tendría impacto en los precios de los consumidores”, en cambio, “sería una transferencia de ingresos desde las tarjetas hacia los comercios”.

“En épocas de bonanza económica, eso (el costo asociado al pago con tarjeta) lo cubre el precio, pero hoy no. Hoy necesitás seducir al cliente”, admitió Vicente Lourenzo, vocero de CAME, en diálogo con TN.com.ar.

LA CARTELIZACIÓN

El gobierno acusó a Prisma SA, la empresa licenciataria de VISA que es propiedad de catorce bancos, de “abuso de posición dominante”. Un informe de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC) encontró que Prisma concentra el 58% de las operaciones con tarjeta de crédito y tiene el “monopolio en la adquirencia y procesamiento de Visa”.

En otras palabras, el comercio que quiere trabajar con esa tarjeta tiene que contratar a Prisma, adquirir sus sistemas y su posnet (Lapos) y pagar el precio que ponen los bancos. “Prisma es la única que puede ofrecer Visa a los comercios, por lo que los comerciantes no pueden negociar con otra empresa mejores condiciones”, afirmó el titular de la CNDC, Esteban Greco. Existen, dijo, “barreras de entrada” que impiden a otros jugadores ofrecer esos servicios para reducir costos.

El Gobierno también sostiene que esa posición dominante se traduce en un retraso tecnológico y acusa a los bancos de demorar el ingreso de medios de pago alternativos, como la Billetera Móvil y otras operaciones con teléfono celular.

LAS CUOTAS

Los bancos advierten que una reducción en las comisiones implicaría el final del sistema de cuotas sin interés, “incluyendo Ahora 12”, según publicó hoy Ámbito Financiero. Como el sistema sería menos rentable, arguementan, deberían ajustar costos.

Los comercios y el Gobierno refutan ese argumento, pero también ponen en duda la vigencia de los planes de pagos sin interés.

Los pagos sin interés tienen un costo que el consumidor no ve. Al pagar en 12 cuotas, los bancos depositan a los comercios el valor total de la operación, menos el interés que supondría pagar ese bien en la cantidad de cuotas pactada. La diferencia puede ser de alrededor del 40 por ciento, según Lourenzo, de CAME.

¿El resultado? Las grandes cadenas, como hipermercados y tiendas de electrodomésticos, trasladan ese costo encubierto a las operaciones en un pago. Si pagar una notebook en un pago o en 12 con una inflación del 45% anual sale lo mismo, alguien pierde. “El sistema de cuotas sin interés es engañoso. El costo financiero está incorporado al precio del producto. Quines pagan al contado subsidian a los que pagan en cuotas”, afirmó Greco, de la CNDC.

El organismo que vela por la competencia recomendó cambiar por ley esas condiciones y diferenciar el precio de contado o en un pago del precio financiado. Hoy, por ley, un comercio no puede vender más barato al contado que con tarjeta de crédito o débito (aunque, en los hechos, lo hacen).

El Banco Central (BCRA) también está convencido de que las cuotas sin interés tienen que desaparecer. Entienden que es un fenómeno asociado a la inflación. Si la inflación se modera, no tendrían sentido.

El Ejecutivo sabe, sin embargo, que el sistema de cuotas sin interés es un paliativo que impulsa el consumo en tiempos de recesión. En julio, según datos oficiales, las ventas a través del programa Ahora 12 totalizaron $ 6239 millones, lo que significó un aumento del 12% interanual en términos reales, descontando la inflación. “El programa acumula ventas por más de $ 80.000 millones con 37 millones de operaciones”, afirmó el subsecretario de Comercio Interior, Javier Tizado.

Por eso, el ministro de la Producción, Francisco Cabrera, se apuró ayer a garantizar la continuidad de Ahora 12, que vence el 30 de septiembre. “Apoyamos Ahora 12 y pensamos renovarlo” dijo.

Las negociaciones con los bancos y comerciantes para mantener los doce pagos entre tanto fuego cruzado no serán fáciles.TN

Paula Ravier

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