Concordia, el agua no baja y hay temor por el pronóstico de lluvias

Hay casi 2000 evacuados y la altura del río está estable, pero se esperan precipitaciones para los próximos días y eso podría agravar la situación
El agua no baja y hay temor por posibles lluvias fuertes, los evacuados son alrededor de 2000 pero es cifra puede aumentar si el río sube. Foto: LA NACION / Hernán Zenteno
El agua no baja y hay temor por posibles lluvias fuertes, los evacuados son alrededor de 2000 pero es cifra puede aumentar si el río sube. Foto: LA NACION / Hernán Zenteno

CONCORDIA.- “El río parece congelado. No se mueve”, confía Carlos Quiroga a su hija. Ambos están parados en el borde de la frontera que separa las casas que quedaron bajo el agua y las que permanecen secas, tras la crecida del Uruguay el martes pasado. La casa de los Quiroga se ve a lo lejos, por calle 1° de Mayo, sepultada bajo el agua marrón. Sólo sobresale un alero rojo de chapa.

Mariana discute con su padre. Ella porfía que el agua bajó. Un grupo de bomberos voluntarios de La Pampa, que llegaron anteayer para ayudar a los 10.000 evacuados y a sacar gente de los barrios anegados, define la discusión: “El río está clavado en 16 metros”, afirma el efectivo que baja de una lancha.

Esta nueva inundación en Concordia removió viejos miedos, que no parecen infundados. En la crecida de 2009 el río tardó más de dos meses en irse de las viviendas del bajo de una ciudad que se empezó a construir a partir de 1832 desde la ribera portuaria hacia las zonas más altas, donde hoy está el centro, a sólo seis cuadras de las áreas inundadas, que abarcan todas las clases sociales. Desde las casonas antiguas y señoriales hasta los ranchos de paja y adobe donde viven los pescadores, más acostumbrados a los enigmas de ese río que “suena a pájaro”, como describió Juan L. Ortiz.

Fernando Mario, analista de sistemas, de 50 años, guarda espacio para el humor en medio de la tragedia. Se calza un sombrero de ala ancha y advierte que antes iba en auto a su casa y ahora lo hace en lancha. Su casa está ubicada sobre Buenos Aires al 600. “En la inundación de 2009, que fue grande pero no tanto como ésta, el agua se fue después de dos meses”, recuerda.

Mario dejó su vivienda a la fuerza el martes pasado, cuando el río llegó a 16 metros y “tapó todo”. Se mudó con su familia a su oficina, que está a tres cuadras, a sólo 20 metros de la frontera donde comienza la zona inundada. Allí Ana Lía, su esposa, lo espera tomando mates.

El agua asoma sobre el borde de la terraza de la casa de dos plantas. A esa isla de losa trasladó parte de los muebles y electrodomésticos. También sus gatos y conejos, que conviven sin problemas y comen la comida del perro, que Mario se llevó a su oficina. “El río va avisando y uno empieza a subir todo. Pero esta vez fue cretino. Creció mucho y de golpe”, dice el analista de sistemas.

Herminia Aguirre, una docente de la escuela Centenario, que hoy es un centro de evacuados, se acerca al límite y le pregunta a un policía si cree que el agua bajó. El suboficial niega con la cabeza, entumecido por el calor que sobrepasa los 35 grados. “Esto no es como cualquier inundación. Acá el agua se queda un rato largo”, resume Aguirre, quien, como todos aquí, recuerda cada inundación como si fueran los mundiales de fútbol.
Pronóstico

El buen clima durante los últimos tres días dio una mano a los entrerrianos. Hay pronósticos de posibles precipitaciones para mañana y el miércoles. Ante los malos augurios meteorológicos, muchos vecinos que por ahora están a salvo de la crecida empezaron a trasladar muebles y electrodomésticos por el temor de que la inundación se agudice.

Concordia y Salto -ciudad que está del lado uruguayo- están ubicadas en una curva del río Uruguay, a sólo 18 kilómetros de la represa de Salto Grande, que administra y regula el flujo de agua. El promedio de la cota del embalse, según información oficial de la represa, es de 35 metros. Ayer llegó a 37,4 debido al elevado flujo de lluvias de Brasil y del nordeste argentino. El 32 por ciento de la cuenca del Uruguay pertenece a Brasil, donde el caudal de precipitaciones en Rio Grande do Sul fue de 150 milímetros en los últimos días. Estos datos inquietan, porque los habitantes de Concordia saben que la represa seguirá dejando fluir un caudal importante río abajo.

El agua quieta, estancada en los 16 metros en Concordia, genera preocupación. Desde la Cruz Roja Argentina señalaron que arribaron a esta región grupos de psicólogos para empezar a trabajar con la gente cómo atravesar el duro trance de volver a los hogares después de que la inundación desaparezca. “En estas situaciones tan críticas es importante trabajar con los evacuados para llevar tranquilidad”, apunta Martín Colazo, coordinador de la organización. El desafío se agrava cuando las estadías en los centros de evacuados son extensas.

Ayer arribaron a la ciudad unos 15 camiones con más de 55 toneladas de donaciones de ropa, alimentos, pañales y artículos de limpieza que fueron recolectados en distintos puntos del país. La ayuda llegó al club de Leones y comenzó a ser distribuida por los 50 centros de evacuados, donde están alojadas 1904 personas. El problema es cómo llega la ayuda a los más de 8000 autoevacuados, ya que muchos de ellos están viviendo en la calle o en casas de vecinos.

Fructuosa Altamirano, una mujer de 72 años, del barrio General Lamadrid, prometió no dejar su casa, aunque las zanjas con excremento y la basura que pasa flotando hayan copado su humilde vivienda. “Si me voy, me van a sacar lo poco que tengo”, rezonga.

Cómo ayudar
Fundacion Sí
En la sede de Ángel Carranza 1962 (Palermo), de 12 a 20, se reciben pañales, leche larga vida, elementos de limpieza, artículos de higiene y botas de goma
Red solidaria
En la cancha de Racing en Avellaneda (avenida Mitre 934) Sede de Villa del Parque (Nogoyá 3061) continuará la campaña para asistir a los inundados de Concordia, de 10 a 16
la nacion

Paula Ravier

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