Cristina, recluida en su casa de El Calafate y con más custodia

Viajó por tierra desde Río Gallegos. Mañana tomará un vuelo desde allí hacia Buenos Aires para declarar.

Sola, sin la compañía de sus hijos, Cristina Kirchner llegó el viernes por la tarde a El Calafate con el objetivo de descansar y preparar su regreso a Buenos Aires, donde deberá declarar en la causa por el dólar futuro. El programa original se alteró ayer cerca de las 13, cuando el fiscal Guillermo Marijuán decidió imputar a la ex Presidenta por lavado de dinero en la causa por la “Ruta del Dinero K”, que condujo a Lázaro Báez, su principal socio, a quedar detenido. La custodia se reforzó durante varias horas afuera de la residencia en la villa turística donde desde la noche anterior, estaban en alerta ante posibles allanamientos. La tranquilidad reinaba en el mediodía de El Calafate. Cuando se conoció que Cristina fue imputada, la mayoría de los comercios estaban cerrados, como cada sábado, y había poco movimiento en las calles céntricas. Sin embargo, afuera de la casa de la ex Presidenta la imagen era otra. Había nerviosismo. La custodia se ubicó en la puerta principal de acceso a la residencia y enfrente de la misma, como forma de prohibir que la gente se detenga allí y para supervisar cada movimiento.

Cristina Kirchner recorrió por tierra y por las rutas que le adjudicó a Lázaro Báez, los 304 kilómetros que separan Río Gallegos de El Calafate. Escoltada por dos camionetas Ford Ranger, llegó a la localidad que en su acceso principal tiene un inmenso cartel con su fotografía cuando aún era presidenta, con el mensaje: “Bienvenida a casa”. Fue ahí, recluida en su residencia, donde 24 horas después recibió la noticia de su imputación por lavado de dinero. La custodia temprano por la mañana intensificó el dispositivo de seguridad, ya que la noche anterior ante un importante movimiento en el aeropuerto local, temieron por posibles allanamientos. Una camioneta blanca apostada en la tranquera de acceso a la inmensa propiedad, estuvo durante todo el día al igual que un Renault 19. Paralelamente, tres custodios comunicados constantemente por teléfono no se movieron de sus ubicaciones fijas: en la entrada de la casa, en la vereda de frente y en la esquina donde hay una plazoleta. Otro grupo de las fuerzas federales supervisaba todo desde la casilla de seguridad que resguarda la propiedad.

Así, por varios minutos, la custodia pidió a Clarín y a los turistas que se respete “el perímetro de seguridad”. Sin poder pasar por la vereda de la casa, ni fotografiarla de frente, hubo quienes no ocultaron su malestar: “Me dijo que no podían circular las bicicletas por acá”, dijo una joven a su compañera mientras paseaban en bicicleta por la calle Alem, donde se encuentra la propiedad de la familia Kirchner.

Adentro de la casa, en el inmenso jardín del lugar que la ex Presidenta suele recorrer diariamente, solo se observó a la custodia caminando. “Recién leímos sobre la imputación”, fue el único comentario que se escuchó a la tarde desde el personal que custodia la residencia y aseguraron que “no hay nada para decir”.

A diferencia de la última vez que estuvo en El Calafate, a mediados de febrero donde salió de su casa para comprar una gran cantidad de plantas en un vivero céntrico, esta vez no hubo movimiento y eligió permanecer en la intimidad de su casa sin exponerse ante el complejo escenario judicial. “Solo están los secretarios, Máximo está en Río Gallegos y Florencia en Buenos Aires”, señalaron a Clarín. La ex presidenta deberá viajar el miércoles a Buenos Aires para declarar en el marco de la causa por el dólar futuro, y lo hará con una movilización de la militancia kirchnerista respaldándola y con su principal socio detenido como telón de fondo.
clarin

Paula Ravier

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