Cultivar en espacios urbanos

En esta época en donde hay tantos problemas para obtener alimentos sanos, sobran motivos para autoabastecernos de ellos. Crear nuestra propia huerta es más fácil y accesible de lo que parece, aunque tengamos un espacio reducido o vivamos en la ciudad.

Las cifras que en los últimos meses dieron a conocer diversos estudios sobre agroquímicos encontrados en frutas y verduras comercializadas en nuestro país son realmente alarmantes, y nos dan un motivo más para ocuparnos nosotros mismos de cultivar nuestros propios alimentos.

En Argentina contamos con Prohuerta, el programa del Ministerio de Desarrollo Social y del INTA que acaba de cumplir 25 años de trayectoria. Y si nos enfocamos específicamente a la posibilidad de cultivar en la ciudad hay diferentes propuestas para aprender a hacerlo, como por ejemplo con el libro del INTA “Mi casa, Mi huerta” (una guía para crear una huerta orgánica en espacios urbanos, desde la siembra hasta la cosecha). También existen programas como lo es una iniciativa de Cáritas, que actualmente coordina a un grupo de familias de La Plata para que aprendan a sembrar y cosechar verduras orgánicas en tan sólo 1 hectárea.

Si nos enfocamos en el resto del mundo, actualmente una familia de California se destaca por tener sus propia huerta en la ciudad y por enseñar a hacerlo al resto de la población, sin la necesidad de tener una gran superficie disponible. La residencia de los Dervaes se encuentra a 15 minutos de Los Ángeles, por lo que se trata de una zona urbana. Entre el jardín y la casa poseen 371 metros cuadrados y logran generar 2700 kilos de alimentos al año, entre los cuales se cuentan casi dos mil kilos de vegetales, más de 400 kilos de pollo orgánico, 453 huevos, 12 kilos de miel y abundantes frutas de estación.

Todos los integrantes de esta familia ayudan en la tarea, que si bien no es su principal fuente de ingreso, venden parte de su producción a buenos precios, lo cual les genera un ingreso de 20.000 dólares anuales. Además, no solo lograron organizar el espacio para potenciar su valor, sino que todos los utensilios que usan son manuales y toda la energía que necesitan la obtienen de paneles solares, lo cual redujo notablemente sus gastos de electricidad (en promedio pagan 12 dólares por mes).

Tampoco queman combustibles fósiles de ningún tipo y alimentan a su auto a base de biodiesel que ellos mismos generan a partir de grasa de cocina usada, que los restaurantes de la zona les donan. Los Dervaes comen según la estación, conservan cuidadosamente su producción (solo venden a restaurantes de la zona o a vecinos). Las pestes y las sequías también son problemas frecuentes, pero siempre hay soluciones para sostener este modo de vida único y admirable.

Queda claro que en esta época en donde hay tantos problemas para obtener alimentos sanos, sobran motivos para autoabastecernos de ellos. Una de las posibilidades es crear un invernadero, ya sea en tu patio o en un terreno comunitario, teniendo en cuenta las características climáticas de la zona a cultivar, y podés aprender a hacerlo haciendo click ACÁ.

Es más fácil y accesible de lo que se cree, si tenemos en cuenta que hasta alumnos de escuela primaria construyeron un invernadero con botellas de plástico, porque en Carhué, provincia de Buenos Aires, se juntaron las ganas de producir con las ganas de reciclar y podés verlo haciendo click ACÁ. Y es importante mencionar también a la fundación argentina Huerta Niño, que fue reconocida con el primer premio que otorga la ONU- Hábitat / Dubai International Award, por la creación de huertas escolares en todo el país.

Cabe destacar también la hidroponía o agricultura hidropónica, un método utilizado para cultivar plantas usando soluciones minerales en vez de suelo agrícola, como lo hacen en nuestro país emprendedores misioneros.

¿Te animás a crear tu propia huerta? ¿Ya tenés una? ¡Contanos tu experiencia!
el federal

Paula Ravier

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