El Gobernador Bordet deberá asumir el mando en la provincia incendiada que deja Urribarri

Gustavo Bordet deberá gobernar una provincia seriamente comprometida en materia económica por el despilfarro, la falta de previsión y el endeudamiento a los que sometió Sergio Urribarri al Estado. Para diciembre habrá un déficit de rentas generales del orden de los 2.500 millones de pesos y una deuda flotante –es decir la que hace funcionar día a día al Estado en sus prestaciones básicas– de 4.312 millones de pesos. También vencimientos de emisión de deudas que deberá pagar el próximo gobierno por unos 1.926 millones de pesos.

En medio de ese panorama, la actual gestión extenderá por dos años más el impuestazo aprobado en 2013, pero no se podrán crear más tributos porque Entre Ríos ya es la provincia que mayor presión fiscal ejerce sobre su población.

Para pagar los 1.700 millones de pesos en sueldos, mes a mes, a Bordet no le queda otra alternativa que tener relaciones armoniosas con el próximo Presidente, sea quien sea. –

La Provincia está fundida. Lo sentencian los números y lo admiten las palabras. ¿Qué números? ¿Qué palabras? Los números de la contabilidad pública y las propias palabras del oficialismo en las consideraciones que hace al presentar el proyecto de Presupuesto de la Provincia para 2016.-

El gobernador electo Gustavo Bordet recibe una provincia incendiada de manos de su promotor, el saliente Sergio Urribarri. En un horizonte negro, la única ventaja que puede hallarse es que Bordet no es Urribarri. Pero con eso no alcanza ni siquiera para poner remiendos a la situación de bancarrota en la que el actual mandatario deja las cuentas públicas.

Urribarri inauguró con su llegada al principal despacho de la Casa Gris el sistema de déficit fiscal. Ya en el primer año de gestión cerró el balance con números rojos o negativos: es decir con menos que cero. Aprovechó las buenas relaciones con la Presidenta Cristina Kirchner para conseguir dinero, pero siempre gastó más de lo conseguido.

Gastó dinero con una discrecionalidad que haría ruborizar a la Casa de Borbón en España. Se enmarcó en una quimera de trascendencia política que le salió mal y que ahora deberán pagar todos los entrerrianos nacidos y por nacer en los próximos años. En lo personal, no le fue tan mal. El gobernador tiene un patrimonio insondable sobre el que nadie, con poder real, se anima a preguntar.
Reporte cuatro

Paula Ravier

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