“EL MUERTO QUE NO PODÍA MORIR” Por José María Herrera

Deporte nacional: discutir, se mató, lo mataron, lo indujeron al suicidio, a quien le conviene, a quien no, todas discusiones, de entrecasa, de café, a los gritos, en voz baja, etc, etc, etc. Ahora…nadie discute ni dice lo lógico, lo normal, lo sensato…¡¡NO SE PODÍA MORIR!!

En un país que se precie de ser serio, o por lo menos pretenderlo, el fiscal Nisman no podía morirse bajo ninguna circunstancia, salvo la muerte natural por supuesto. Lo digo de nuevo NO SE PODÍA MORIR.

La denuncia realizada por el fiscal, tanto para el orden nacional, por quienes fueron implicados directa o indirectamente, por la institucionalidad del país; como a nivel internacional, por la inseguridad patentizada en la cara del mundo entero, como las implicancias en las causas relacionadas con el terrorismo internacional, la política exterior, el posicionamiento en temas candentes en estos días, era lo suficientemente importante como para hacer imposible la muerte del denunciante.

Era el estado mismo, si cumple el rol cabál de si mismo, el primer interesado y responsable de cuidar al fiscal hasta de posibles resfríos, mucho mas de su muerte, sea como sea el cáracter de la misma. Ese estado que aprendimos en la escuela primaria que está para cuidarnos y protegernos, ese estado que prioriza las cuestiones esenciales para su transparencia y funcionamiento dentro del marco de la ley.

El que tenía que proteger al fiscal era el estado, ese estado que debe bregar por el interés y bienestar general de todos los conciudadanos, especialmente aquellos que ejercen cargos de vital importancia dentro de la vida democratica, y con vigencia y respeto de la división de poderes.

Ese estado que debe garantizar la mayor tranquilidad y ayuda a quienes llevan adelante causas que hacen al conjunto de la sociedad, no permitiendo presiones, extorsiones, amenazas o cualquier otro tipo de acción que intente, desde cualquier interés sectorial, de grupo o facción, impedir el esclarecimiento de las graves denuncias, respaldadas, al decir del propio denunciante, por pruebas contundentes.

Ese estado estudiado en la teoría escolar, e idealizado en el devenir de nuestras vidas, no podía dejar sin custodia al fiscal, inclusive aceptando la hipótesis de que les pidió que se vayan. Ese mismo estado no podía salir, como salió 48 hs antes de la muerte de Nisman, a decir que van “con los tapones de punta”, por el solo hecho de investigar, denunciar y buscar la verdad. La presión de ese estado, frente a esto o cualquier otro caso mas o menos similar, es inmensamente mayor y fuera de proporción, como diríamos en el barrio…”matar hormigas con misiles”.

Es ese estado el que puso todo el poder de sus medios adictos, en función de destruir a quien, nombrado por el propio ex presidente Kirchner, osó cuestionar, investigar y denunciar la trama oscura de un poder, que a medida que se consolida en el tiempo, ve como le crecen hongos y parásitos alrededor, en función de mantener solo poder para su grupo de iluminados que terminan llevando a todo un pueblo al peor de los abismos, ese abismo en donde, como sociedad, la muerte nos demuestra la desprotección sistematica que tenemos si nos atrevemos a cuestionar el poder que mal supieron conseguir.

Ese estado que tenemos, no es casualidad, somos responsables colectivos de que las cosas hayan llegado hasta donde están, porque primero dejamos pasar impresentables en listas sábanas, esos impresentables enriquecidos de la noche a la mañana, dejamos pasar la corrupción que enriquece a esos impresentables, dejamos que dejen de existir partidos y aceptamos votar solo nombres de circunstancia.

Somos una sociedad en la que no relacionamos que los protagonistas de lo que criticamos, son compañeros de escuelas, de clubes, parientes, de nuestro pueblo, porque si lo relacionamos, tal vez caigamos en la cuenta de todas las veces que elejimos no mirar, no escuchar, no protestar, no reclamar. Elejimos mirar para otro lado, por miedo a ver nuestro propio espejo, si no vemos, hasta tal vez recibamos algun “favor” de ese “conocido” que si ayuda, ya no importa como llegó adonde llegó.

Es hora de que la sociedad en su conjunto se tome en serio la cuestión de la democracia, ya vemos como nos va con quienes, siendo elejidos por nosotros, la usan de excusa simple y llana para beneficios personales o de grupo. Es hora de que la sociedad reaccione y vaya por democracia en serio, la que respeta minorías, la que busca transparencia, la que busca consensos, la que gobierna por sobre los intereses sectoriales, políticos y desestabilizantes de lo que conocemos como equilibrio de los tres poderes. Es hora de un parlamento que sea algo mas que una escribanía levantamanos, de una justicia independiente y con garantías de independencia del poder político de turno.

Es hora de que nos recibamos de ciudadanos, mas que de simples beneficiarios de alguna migaja que el poderoso de turno puede acercarnos, como si fuésemos palomas esperando en el campanario de la catedral que el amo arroje miguitas en la plaza, el título de ciudadano tiene derechos, pero fundamentalmente obligaciones, esas obligaciones que seguimos creyendo que es pagar impuestos y el resto es problema del otro.

Hoy hay temor, yo no se a que, puede ser que descubrimos hasta donde llegan los impunes cuando pueden perder lo que poco les costó conseguir, o tal vez, simplemente tenemos miedo porque si se va el impune que supimos votar, alguien tiene que hacerse cargo, y en una de esas me piden que sea yo!!!…no querido!!!…que se vayan todos!!!…pero a mi dejenme tranqui…si yo pago mis impuestos!!!

José María Herrera

Redacción Concordia Directo

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