¿El narcotrafico está en el gobierno de Entre Ríos?

El semanario Análisis de Entre Ríos, mediante una investigación, muestra el vínculo del ministro de gobierno entrerriano Mauro Urribarri (hijo del ex gobernador k Sergio Urribarri), con el narcotráfico.

El narcotráfico está decidido a formar parte del poder político entrerriano y cada día buscan ganas más espacios en sectores vinculados al estado. Gustavo Petaco Barrientos, condenado en la cárcel de Gualeguay, cuenta con teléfonos celulares en su celda, sigue relacionado con el ministro de Gobierno Mauro Urribarri y está decidido a “militar” por el futuro político del hijo del ex gobernador.

¿QUIÉN ES BARRIENTOS?

Gustavo Petaco Barrientos está preso y condenado a once años de prisión en la cárcel de Gualeguay, desde principios de 2015, por un doble homicidio en el Paraná XX. El hecho fue en noviembre de 2012, después de que cayeran asesinados a balazos los jóvenes Matías Giménez y Maximiliano Godoy.
En la investigación hubo 32 dvd de escuchas telefónicas que le sirvieron a la justicia para comprobar su relación directa con el violento episodio y que en la actualidad están grabados bajo siete llaves en una caja de seguridad del edificio de Tribunales y habrá que rezar para que no desaparezcan, como sucediera con numerosas armas incautadas por la justicia en graves hechos. El tema en cuestión es que en algunos de los audios aparecen los diálogos entre el jefe narco y el entonces funcionario del Senado provincial, Mauro Urribarri, actual ministro de Gobierno de la provincia y a su vez jefe directo de la Policía de Entre Ríos.

Varias de esas conversaciones tienen directa relación con el dinero que Mauro Urribarri le hacía llegar a Barrientos desde el gobierno provincial, como jefe de la denominada barra fuerte del club Patronato, a través del actual secretario de la Cámara de Diputados, Nicolás Pierini, amigo personal del ministro político, quien oficia de nexo con el club y la hinchada. Era también, el que controlaba que, en cada partido, apareciera la gigantografía de “Gracias Urri”, confeccionada en la fructuosa imprenta del cuñado del ex gobernador, Juan Pablo Aguilera -actual secretario del Senado provincial- que creciera económicamente con los negocios con el Estado entrerriano y los municipios K.

Claro que ni la justicia ni el gobierno entrerriano, desconocen las investigaciones de fuerzas de seguridad nacional –ahora con el gobierno macrista, porque antes era mala palabra cualquier tipo de maniobra que pudiera rozarlo- siguen de cerca los movimientos del hijo del ex gobernador por las sospechas que existen sobre él, respecto a su supuesta ligazón con el negocio del narcotráfico. En realidad, quedó en la mira después de conocerse la detención del denominado chofer oficial narco, Marcelo Alejandro Acosta, en mayo de 2014, con 20 kilos de cocaína, porque era un hombre del entorno urribarrista. Acosta cumple la prisión a casi 700 kilómetros de Paraná, en la cárcel de Santiago del Estero.

Mientras tanto, Urribarri juniors sigue su carrera política y mucho de los uniformados que sufrieron las amenazas y la violencia de Barrientos de las últimas dos décadas, hoy le tienen que hacer la venia al joven ministro hijo del ex mandatario y ahora presidente de la Cámara de Diputados de la provincia, por más que nadie se entere del cargo que ocupa.
Cada uno de los altos oficiales y buena parte de la estructura policial sabe perfectamente la relación del ministro con Barrientos. Pero tienen que tragar saliva y poner la mejor cara de póker ante las circunstancias.

El beneficio del juicio abreviado lo consiguió su abogado y funcionario Marcos Rodríguez Allende, secretario de Energía de la provincia y, a su vez, defensor de Urribarri, en la causa por enriquecimiento ilícito. Cuando cualquier asesino es condenado a reclusión perpetua, la habilidad de su abogado y las aceitadas relaciones con el poder, fueron clave para que lograra su cometido, de una sentencia de no más de once años, por lo cual el año próximo o a principios de 2018 quedará en libertad, al cumplir la mitad de la condena. De todas maneras, el castigo carcelario se transformó en lo más parecido a un pasatiempo para el conocido jefe narco.

En este casi año y medio que lleva preso en la Unidad Penal Gualeguaychú, Barrientos nunca dejó de hacer negocios con el tráfico o con el fútbol. Unido siempre con 3 o 4 celulares en la celda –lo que está terminantemente prohibido en las unidades carcelaria, pero todo se arregla corrompiendo a los agentes y oficiales penitenciarios de turno, tal como hiciera cuantas veces se le ocurrió al narcotraficante Gonzalo Caudana en Paraná- Petaco puede coordinar con sus súbditos los movimientos de tal o cual cargamento o bien ordenar un apriete a tal o cual dirigente político o del fútbol. Más de una vez, el entonces presidente Patronato, José Alberto Gómez, se tuvo que bancar un apriete hasta en su propio domicilio si era necesario, para lograr las 500 o 600 entradas prometidas para cada partido dominical, además de las sin cargo para los muchachos de la hinchada, tal como sucede con alrededor de 300 personas, por lo cual funciona un sistema de reventa del que saca crédito la Barra fuerte.

El boom del negocio de la reventa fue en el partido contra River, porque exigieron mil entradas en 3000 pesos cada una. Pero a ello hay que sumarle los insumos para la venta de bebidas y choripanes en la cancha o el aval final para el manejo del estacionamiento. O sea, un ingreso de dinero importante cada fin de semana, para la estructura de Barrientos. Claro que eso no solamente le sucedió a Gómez, sino que también a José Cáceres, ex vicegobernador y presidente de Atlético Paraná con un lote de “hinchas del gato”, que responden a Barrientos y que también vieron la oportunidad de sacar una tajada. Llegaron con numerosas exigencias y cuando no le dieron lo que pretendían lo primero que hicieron fue romper todos los vidrios de las instalaciones del club. Tienen el beneficio de ingreso a los partidos, pero no todos los privilegios que exigieron.

Pero Barrientos sigue ampliando sus negocios. Hay quienes reconocen que ya cuenta con “algunos abogados” contratados, en forma fija, para monitorear a varios jugadores de las inferiores de Patronato, algunos de los cuales ya son representados por la gente de Petaco, por lo menos hasta que quede en libertad y lograron su primer acuerdo comercial con el club. Es decir, que los hombres del narcotráfico, siguen copando espacios del fútbol lugareño, lo que es una marcada gravedad, porque no tiene límite.

Y no deja nada librado al azar, ya sea por sus negocios o en sus movimientos políticos. A través de sus allegados directos de Paraná, mediante celular, le hace llegar casi semanalmente mensajes al ministro de Gobierno, Mauro Urribarri, a quien considera “un querido amigo”. Si bien hasta ahora el encuentro no se logró, Barrientos quiere reunirse “en algún lugar a determinar” con el hijo del ex gobernador, para manifestarle “Todo su apoyo” en la gestión y garantizarle que “cuando sea necesario” podrá contar con él y su organización para apostar a su proyección política. “Mauro tiene que ser el gobernador en 2019”, repite Barrientos entre sus allegados, promete “trabajo militante” en todos los barrios de Paraná.
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Paula Ravier

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