El ninguneo sufrido por las mujeres a lo largo de la historia se debe a un error de traducción

A un error de traducción… y a todos los que se han aprovechado durante siglos. Para encontrar este “error” tenemos que fijarnos en un pasaje de la Biblia, concretamente en el Génesis, donde detalla que Dios hizo a Eva de una costilla de Adán…Entonces Jehová hizo caer un sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas […] Y de la costilla que Jehová tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre… El origen está en una pésima traducción que los rabinos judíos realizaron hace ya siglos. Pero antes se debe especificar un par de temas:

– Dentro de la cultura sumeria, existía lo que se conocía como los ME. Estos ME eran una serie de creaciones de los dioses, que servían para mantener el equilibrio del mundo. Conocemos muchos, porque se han encontrado listas y recopilaciones de ellos. Entre otros, podemos encontrar desde el arte de la carpintería hasta el poder de crear vida. Y con este poder de crear vida, nos vamos acercando al meollo de la cuestión.

– Los sumerios escribían en cuneiforme. En dicho alfabeto, algunas palabras tenían distinto significado según se colocaran en una parte del texto u otra. En concreto, la palabra sumeria TI podía significar, según se la colocara, o bien “costilla” o bien “el poder de crear vida“.
Y tras estas dos consideraciones, hemos llegado al punto en que descubrimos al asesino. En el Mito de la Creación Sumerio, el dios Enki crea a la mujer igual al hombre, ya que lo hace con el TI. Y dada la posición de dicha palabra en el texto, el significado es “poder de crear vida“. Como bien sabemos, los judíos estuvieron exiliados en Babilonia, “invitados” por Nabucodonosor. Ya sus antepasados cananeos debieron acceder a las obras culturales sumerias que conocían desde tiempos de Abraham, pero además, una vez en Babilonia, tuvieron de nuevo acceso a la literatura sumeria, a la que, dado que aún no existía los derechos de autor, se dedicaron a fusilar y plagiar descaradamente para mejorar la Biblia. Pasajes y mitos enteros de la literatura de los dos ríos se convirtieron en trozos de la Torah: el Pentateuco al completo, el libro de Job, el Cantar de los Cantares y hasta la biografía de Moisés, que a falta de negros, fue calcada de la de Sargón de Akhad.
En ese proceso de plagio intensivo, se toparon con el pasaje del dios Enki y tradujeron la palabra TI como “costilla“, haciendo que la mujer pasara de ser alguien igual al hombre desde la creación a alguien subordinado e inferior. ¿Lo hicieron con mala fe? A estas alturas es difícil saberlo. Pero es un hecho histórico que los rabinos judíos, obsesionados por el valor de las palabras (en la Biblia cada nombre está cuidadosamente escrito y colocado según valores numéricos estrictos), siempre supieron idiomas. Y hay razones más que suficientes para sospechar que conocían el truco de la colocación de la palabra en el texto. Vamos, que tiene cierto tufillo intencionado.
Ahora ya sabemos por qué durante siglos las mujeres han podido ser ninguneadas con el best-seller número uno en la mano. A partir de hoy, cada vez que alguien no nos trate con igualdad, podemos mandarlo a aprender idiomas… o la mierda según se nos cante.

Hasta aquí lo que encontré rebuscando en la web, que me pareció sumamente interesante y revelador.
A ver, pensemos un poquito juntos y traslademos lo que leímos a nuestra vida cotidiana.
En estos casos es prácticamente imposible autorreferenciarse –una cree que lo mejor que conoce es una misma hasta que se encuentra con una personita que le demuestra exactamente lo contrario y le muestra el mundo interno propio que desconocía, lo cual es un increíble motivo de alegría- y por eso me voy a la más fácil, a mis años de ninguneo por mi condición femenina.

Primera experiencia que me quedó grabada a fuego, allá en mi niñez en Rosario, en jardín de infantes. Imaginate la escena, -no me preguntes porque cornos teníamos el mismo baño los nenes y las nenas- toooooooooodos los nenes –o la mayoría del jardín de infantes- haciendo pis desde lejos apuntando al inodoro. No recuerdo como habrán reaccionado las niñas, supongo que de manera convencional, huyendo espantadas o algo así. A mí me criaron distinto, sin prejuicios y muy curiosa y desde muy chica, mi mamá se encargó de dejarme bien en claro que yo, aún siendo nena, era igual que los nenes en cuanto a derechos y obviamente, aún muy niña ya tenía plantada la semilla de la igualdad y la escena me llamó la atención. Obvio, después en casa quise repetir la gracia de los nenes. Bienvenida a la envidia del pene–instintivamente sabía que había algo más que ese simple pishar desde lejos- que consciente o inconscientemente alguna vez, en algún momento, a todas las mujeres nos golpeó como un mazazo al ver como se nos trataba diferente. Ahí te quiero ver. Ahora arreglate con lo que sigue.
Hasta determinada edad sentí que el mundo era una gran paleta de oportunidades y posibilidades y que todas estaban al alcance de mi mano. Nunca supe cuándo, alguien o algo o una suma de ambas cosas, me hicieron poner los pies sobre la tierra y aterrizar en la vida real.

No voy a abundar en más detalles personales que no vienen al caso, pero en todos los órdenes de la vida siempre quedó en claro que los hombres tienen todos los derechos y las mujeres tenemos todas las obligaciones y algunos derechos. Los ejemplos están diariamente a la vista, en los hogares, las calles, los trabajos.
Si sos mujer, todo es doblemente difícil (sí, algunas cosas no, pero tenemos que pagar peaje en forma de sonrisa, sin ponernos en tremendistas, todos conocemos la realidad), mientras que si naciste hombre nadie te niega nada, nadie te juzga, nadie se mete con vos ni con tu forma de pensar o vestirte. Y nadie quiere dirigir tu vida.

¿Decís que exagero? Veamos unos datos ilustrativos:

ONU - DATOS

Sinceramente, no recuerdo el año de este estudio, pero creo que imposible ser más claro.

Y para rematarla, tengo el ejemplo de MI casa y MI familia. Mis dos padres trabajaban en una época que no era “normal” que una mujer trabajara. Cuando mamá venía de trabajar, por lo general papi nos había hecho la comida a mi hermano y a mí. Se turnaban en las tareas de la casa en general y lo mismo a la hora de ayudarnos con los deberes para el colegio, se turnaban para las reuniones, compartían todo. Así me criaron, con la peregrina idea de que tenía los mismos derechos y obligaciones que un hombre y que el sexo era solo una diferencia y punto. Nada más.
Claro, después me topé con la realidad y tuve que sufrirla en carne propia. Hasta el día de hoy. Pero esa es otra historia.

Por Amalia Ayala

Redacción Concordia Directo

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