El Vaticano expulsa a sacerdote que se declaró gay y presentó a su pareja

“No podemos seguir odiando a las minorías sexuales, porque así odiamos a una parte de la humanidad”, declaró Krzysztof Charamsa.

En la víspera de la inauguración del Sínodo de los Obispos sobre la Familia, el sacerdote polaco, Krzysztof Charamsa, de 43 años, quien se desempeñaba como oficial de la Congregación para la Doctrina de la Fe y secretario adjunto de la Comisión Teológica Internacional del Vaticano, se declaró abiertamente homosexual y presentó públicamente a Eduard, su pareja.

El pasado cuatro de octubre, el prelado del Vaticano decidió hacer frente a una realidad que la Iglesia sigue empeñada a ocultar:

“Quiero que la Iglesia y mi comunidad sepan quién soy; un sacerdote homosexual, feliz y orgulloso de la propia identidad. Estoy dispuesto a pagar las consecuencias, pero es el momento de que la Iglesia abra los ojos frente a los gais creyentes y entienda que la solución que propone para ellos, la abstinencia total de la vida de amor, es deshumana”.

Las consecuencias de las que Charamsa, quien también fue profesor en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, se refería, ya comenzaron a aparecer. Apenas enterado del asunto, el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, comunicó que monseñor Krzysztof está expulsado de las actividades relacionadas con la Iglesia católica y criticó el que lo haya anunciado en este contexto en específico:

“No podrá seguir desempeñando las tareas precedentes en la Congregación para la Doctrina de la Fe ni en las universidades pontificias. Cabe señalar que, a pesar del respeto que merecen los hechos y circunstancias personales y las reflexiones sobre ellos, la elección de declarar algo tan clamoroso en la víspera de la apertura del Sínodo resulta muy grave y no responsable, ya que apunta a someter a la asamblea sinodal a una presión mediática injustificada”.

No obstante, Charamsa respondió a la expulsión presentando públicamente a su novio, de origen catalán y acusó al Vaticano de homofobia:

“Pido perdón por todos los años durante los que he sufrido en silencio ante la paranoia, la homofobia, el odio y el rechazo a los homosexuales que he vivido en el seno de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que es el corazón de la homofobia en la Iglesia. No podemos seguir odiando a las minorías sexuales, porque así odiamos a una parte de la humanidad”.

Además, dijo que escribirá una carta al Pontífice para explicarle su decisión y que, en efecto, su objetivo era sacudir el debate en el que se encontrarán 270 padres sinodales (obispos, cardenales, religiosos y expertos), mismos que reflexionarán sobre los nuevos modelos de familia:

“Querría decir al Sínodo que el amor homosexual es un amor familiar, que tiene necesidad de la familia. Cada persona, también los gais, las lesbianas o los transexuales, lleva en el corazón un deseo de amor y familiaridad. Cada persona tiene derecho al amor y ese amor debe ser protegido por la sociedad, por las leyes. Pero sobre todo debe ser cuidado por la Iglesia”.

Con información de El País.

Paula Ravier

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