Entrevista a Francisco Senegaglia

Un ensayo titulado “La otra Revolución, Psicología de la Historia”, de Francisco Senegaglia, fue presentado en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Se trata del segundo de autores entrerrianos editado por el Ministerio de Cultura y Comunuicación de nuestra provincia que contó con ese honor. El libro alude a que nuestro relato de “Patria”, el de los argentinos y latinos, es monocorde; y el autor reivindica la gesta Artiguista y el legado de nuestros pueblos originarios como un modo posible y activo de repudiar y modificar la legitimidad monopólica de nuestra historia.

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1) Reflexión sobre el aparato histórico-ideológico en la educación- escuela Normalista /Sarmientista como relato que nos habita desde hace años: que podes decirnos en este contexto histórico, nacional y Popular, en el que ha habido un record histórico de construcción de escuelas, puesta en valor de muchas otras, y el programa conectar igualdad, que equipó de tecnología a muchas instituciones educativas, a lo largo y ancho del país, que entrego además a muchas niñas y muchos niños netbooks. ¿Piensa que este cambio que optimiza y democratiza el acceso a la tecnología está acompañado de un cambio de paradigma en la ideología de la educación?

F.S: Sin dudas el kircnerismo ha significado un cambio de paradigma en el campo social, fundamentalmente al poner el eje de las decisiones políticas estructurales en el campo de los intereses populares. La esencia del kircnerismo en tanto brújula ideológica es para mi su capacidad de instalar dos grandes temas que devinieron agenda, la memoria, y la soberanía popular. Es decir la restitución del pasado como condición para ser pueblo, y ser pueblo en tanto se puede ejercer ese derecho, es decir ser, es ser soberano. Consecuentemente, la soberanía popular define que los intereses del pueblo están por sobre todo otro interés, porque la matriz de la soberanía es la igualdad. El liberalismo, sostiene la falacia de sustentar una comunidad sobre la libertad. Pero la libertad solo es posible en la igualdad. Solo si somos verdaderamente iguales –diría Artigas- podemos ser libres.

En ese sentido la escuela como campo de la experiencia popular ha sido objeto de infinitas reparaciones. Pero esas reparaciones a mi entender, se han dado en el campo del aparato pedagógico. Hay más escuelas, hay más recursos y hay una socialización de la tecnología como nunca antes vista. Pero surge cierta contradicción, que necesariamente es un tema de la nueva agenda del proyecto que es intervenir el aparato histórico-ideológico. Porque no se puede sostener el campo popular con una historia identitaria asociada al campo liberal. En la universidad se ve claro. Formamos profesionales para fortalecer el sistema individualista, reproductivista del interés liberal, y anti popular, con recursos del pueblo. Es solo un ejemplo.

Pero es lo que tendremos que definir los siguientes diez años. Y re-definir significa cuestionar la matriz liberal que ha forjado nuestra identidad, cuestionarla, dialogar con el relato tradicional, para hacernos cargo justamente de otra matriz, la de la gauchería federal, la del proyecto de patria de iguales, la del sistema artiguista en suma que propugnaba la construcción social de las oportunidades teniendo como base la identidad. Sin memoria no hay futuro, y la memoria es la conciencia de la sangre derramada para defender esa identidad. Por eso Artigas claramente afirmaba en aquella famosa carta al dictador Francia, “… me traicionaron porque no quise entregar el rico patrimonio de mis paisanos al vil precio de la necesidad…”.

Necesitamos otra escuela, otra educación, y poder pensarla ha sido un innegable merito del kircnerismo. Pero esa escuela que viene debe ser pensada entre todos, esa es nuestra responsabilidad como pueblo, y para pensarla y re-significarla necesitamos implicarnos como pueblo en nuestra memoria colectiva, memoria que fue negada por el proyecto liberal sarmientista-mitrista. Si seguimos sosteniendo a Mitre, Rocca, Sarmiento en el panteón patrio sostenemos el genocidio de los pueblos originarios y gauchos de nuestra patria, y sostenemos la entrega al imperio que ellos nos legaron como proyecto de nación. Esta cuestión es fundamental para que no siga la historia oficial guionando nuestro presente que hoy más que nunca quiere y debe ser libertario, igual y soberano.

2) ¿Que puede decirnos de este acompañamiento por parte del Estado, el Ministerio de Cultura y Comunicación y otras instituciones en revalorizar la gesta Artiguista y el legado de los pueblos originarios? ¿Y cuál es la recepción del público en general, educadores, niños, jóvenes de este suceso a la luz de repensar nuestra historia?

F.S: Pensar Artigas es volver a las bases de un federalismo genuino y popular, y pensarlo es posible porque el Estado presente lleva adelante un proyecto federal y popular. En Entre Ríos, el sistema artiguista es política de Estado, así lo planteó el gobernador Sergio Urribarri en el 2012. Y consecuentemente las acciones de gobierno fueron en esa dirección. Desde el Ministerio de Cultura que preside Pedro Báez, se han llevado adelante acciones concretas para poner en superficie, en eso que los psicólogos llamamos imaginario colectivo, la discusión del ideario de patria de la gauchería artiguista. En este momento se está terminando el segundo tomo de cinco de una Historia de Entre Ríos escrita por entrerrianos para entrerrianos. Porque desde esta política de Estado que implementó el Pato, la historia no se escribe más desde Buenos Aires, al menos para nosotros.

Hoy en nuestras calles la gente habla de Artigas, las escuelas hablan de Artigas, en este año el Ministerio de Cultura de la provincia dio más de cincuenta charlas en escuelas de todo el territorio entrerriano. Cientos de charlas y conferencias. Hoy nuestros dirigentes discuten Artigas, nuestros diputados reflexionan y citan Artigas. En Entre Ríos hay un movimiento militante muy importante que conduce Pedro Báez con presencia en todos los departamentos que se denomina “La Artigas Vuelve” compuesto por compañeros de distintas expresiones, intelectuales, docentes, profesionales, artistas, obreros, estudiantes, y estamos muy orgullosos por eso.

3) ¿Como complementaría la siguiente cita? “Yo, tú, él: ¿quién es el sujeto? Yo me convierto en piedra y mi dolor persiste. Y si cierro los ojos, ¿cómo saber si lo que tengo es realmente dolor? ¿Qué clase de sufrimiento puede imputársele a las piedras? Wittgenstein, nuestra exploración aborda ahora el tema de los sujetos”. La metáfora de Italo Calvino sobre el arco y las piedras parece dejarnos el segundo lugar pero, como dice Wittgenstein, pensar sobre los sujetos es un poco “imaginar lo que no puede serlo”, como imaginar las piedras con conciencia. Y sin embargo, ¿por qué no? Para abordar esta paradoja, vayamos por partes. La educación es, indudablemente, una actividad humana. Cualquiera sea la definición del término que adoptemos, apuntará a la realización de deseos o expectativas puestas en otro (adulto, niño), tratando de formar, indoctrinar o desarrollar ciertos rasgos y no otros. En este sentido, la educación siempre ha guardado una dimensión de futuro. Toda teoría educativa, dice el filósofo inglés Alisdair MacIntyre, puede reducirse a dos propósitos: la educación para un puesto o plaza social, o la educación de las capacidades inherentes al individuo. En general, en los sistemas educativos modernos ha primado la primera visión (MacIntyre, 1990). (Extraído del libro: DE SARMIENTO A LOS SIMPSONS: CINCO CONCEPTOS PARA PENSAR LA EDUCACIÓN CONTEMPORÁNEA)

F.S: Justamente el primer propósito que plantea MacIntyre, de formación conservadora, es el propósito liberal. Formar para la re-producción del sistema capitalista. En la Argentina de construcción liberal, la escuela primaria era para formar obreros, la secundaria para la administración y la universidad para la clase dirigente. Pero educar, es otra cosa muy distinta. Se educa para gobernar el futuro, y gobernar el futuro requiere necesariamente conciencia identitaria, saber quiénes somos como pueblo, para no ser colonizados por los intereses foráneos que solo pretenden que seamos una maquina de consumo y reproducción.

Ya lo dije sin memoria no hay futuro. Y la conciencia es la dimensión subjetiva que define nuestras decisiones colectivas, quienes somos, a donde vamos, quienes queremos ser. Y esa conciencia se define por antonomasia en la escuela, en la socialización de la identidad y la pertenencia. Justamente Wittgenstein afirma que el pensamiento es una representación de la realidad, -al menos el primer Wittgenstein- y la realidad es aquello que se puede describir con el lenguaje, yo diría mejor con los significados que se socializan en nuestra educación. La conciencia es un lenguaje, y es por el lenguaje, pero los significados son intencionalidades políticas en términos imaginarios, en ese sentido formador de identidad. Nuestra conciencia histórica de pertenencia fue forjada por el mitrismo, y ahora deben discutirse esos significados, y el lugar debe ser la escuela. Para eso, necesitamos otra escuela que nos permita no solo saber quiénes somos, -y aquí si acuerdo con Wittgenstein-, sentir quienes somos, esa es la verdadera dimensión subjetiva que produce colectivos comunitarios.

4) De la cita que trajo a colación en la presentación de tu libro: principio Artiguista que manifiesta: “que los más infelices sean los más beneficiados”, ¿que podría comentarnos en relación a la condición de producción de su obra literaria, en este contexto histórico?

F.S: Desde mi pequeño lugar formo parte de un sueño que muchos compañeros tenemos, el de una América libre, igualitaria y emancipada, donde la soberanía popular conduzca los destinos de nuestras patrias. Y siempre desde la condición colectiva, esa que dice Paulo Freyre, que nadie se salva solo, el hombre se salva en comunidad. Y entendemos muchos de nosotros que la revolución que tiene que llevar adelante nuestra generación es la de la conciencia, la de la cultura, la de la identidad. Como bien dice ese inmenso hombre desde la teología de la liberación que es Jon Sobrino, solo puede haber revolución cultural si desenmascaramos al imperio diciéndoles quiénes somos y quienes queremos ser.

Por eso en mis libros o en mis películas los temas revolución, memoria e identidad dan vuelta todo el tiempo. Yo intento trabajar desde aquí, y trabajar es implicarse, producir, socializar, buscar el dialogo, denunciar. Bueno, la literatura, el ensayo histórico-político permite eso, y lo hago con mucha alegría, y con mucho respeto. Y sin dudas con convicción, Artigas no enseñó eso, las convicciones no se declaman, se militan. Y la revolución se piensa, pero sobre todo se vive, y se defiende con el compromiso de la vida misma. Escribo para pensar juntos estas cosas.

Redacción Concordia Directo

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