Los planes que Trump tiene sobre Siria son una cruda realidad

El último intento de alto el fuego en Siria ha muerto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. La propuesta presentada por España y Francia que además incluía el fin de los bombardeos sobre Alepo se encontró con el veto ruso, que con sus aviones sigue castigando la que antaño fue la capital económica del país, pero que hoy se ha convertido en un escenario de escombros y destrucción.

El anterior intento, que entró en vigor el 12 de septiembre apenas duró una semana y fracasó por las continuas violaciones de unos y otros de los acuerdos pactados. Es el día a día en Siria, donde países como Irán y Arabia Saudí y Rusia y Estados Unidos dirimen sus diferencias políticas e ideológicas sobre suelo extranjero en una guerra que camina hacia su sexto año sin remedio mientras que la población sigue sufriendo las consecuencias.

Y como no podía ser de otra manera, este asunto se ha colado de lleno en el segundo debate entre los dos candidatos a la Casa Blanca. Las declaraciones de Trump han sorprendido a todos, fundamentalmente porque van en contra de lo que lleva haciendo Estados Unidos en todo el conflicto.

Donald Trump (Reuters).
“No me gusta mucho Assad, pero está matando a los miembros del ISIS, Rusia está matando a los miembros del ISIS e Irán está matando a los miembros del ISIS”, manifestó el candidato durante el segundo debate presidencial contra la demócrata Hillary Clinton.

La solución en Siria pasa, a juicio del magnate republicano, por asumir que Assad, Irán y Rusia son los únicos aliados que puede tener Estados Unidos en la guerra. Una idea que choca radicalmente con la política exterior estadounidense. Por su parte, Hillary ha vuelto a mostrar un lenguaje duro y beligerante hacia Putin, similar al empleado por Obama hace unos días cuando acusó a los rusos de tener “la mentalidad de la Guerra Fría”.

Tanto Rusia como Estados Unidos comparten el objetivo de acabar con el Daesh, pero en la forma en la que hay que hacerlo es en donde difieren las dos potencias. Mientras que para Putin y para Irán la solución pasa por el Gobierno de Assad, para Estados Unidos el dictador, al que las organizaciones de derechos humanos le acusan de haber cometido ataques químicos contra su población, no puede formar parte del futuro de Siria.

Otra diferencia es en lo que se refiere a la oposición. Para Assad, todos los que se oponen a él son terroristas, no solo los del Estado Islámico. Pero Estados Unidos y Arabia Saudí han armado y apoyado a diferentes grupos en el conflicto que se oponen tanto a Assad como al ISIS como por ejemplo los kurdos o al Ejército Libre de Siria desde 2011, aunque en los últimos tiempos han perdido fuerza.

Rusos e iraníes han apoyado al Gobierno tanto militar como diplomáticamente desde el inicio del conflicto, pero en los últimos meses la presencia de ambos países en Siria ha sido cada vez más protagonista. Los primeros con los continuos bombardeos sobre el país, especialmente Alepo, una ciudad en la que no hay ni rastro del ISIS y que ha quedado completamente destruida, con una crisis humanitaria que afecta a sus ciudadanos que apenas tienen acceso a comida o agua potable.

Alepo (Reuters).
Los segundos con la gran cantidad de mercenarios mandados al país para sostener al Ejército de Assad, según revela un informe publicado por el Consejo Nacional de la Resistencia de Irán.

Con esta situación, resulta prácticamente imposible que Trump pueda cumplir lo que dice y apoyar a los que llevan siendo los enemigos estadounidenses en el terreno los últimos meses. Más que nada, porque hacerlo supondría considerar como terroristas a aquellos que Estados Unidos lleva años apoyando tanto militar como económicamente. Mientras tanto, Siria sigue siendo un tablero de ajedrez en el que actores internacionales juegan sus piezas y la población civil cae sin remedio fuera de la partida
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Paula Ravier

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