Lula intenta volvera postularse pero la ratificación de la condena lo deja en el banquillo

Un tribunal brasileño ratifica la condena contra Lula y pone en jaque sus aspiraciones electorales

Un tribunal de apelaciones brasileño mantuvo la condena por corrupción en contra del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, en lo que representa un duro revés a su campaña por regresar a la presidencia para el que podría ser su tercer mandato.

La decisión es una victoria para los fiscales en el que muy probablemente es el caso de más alto perfil en un enfrentamiento ya de años entre el sistema judicial brasileño y la élite política. Los fiscales han retratado a Lula —quien enfrenta también acusaciones de corrupción en otros seis casos— como una figura clave del corrupto sistema político de Brasil.

Por decisión unánime, los tres jueces del tribunal de apelaciones votaron para ratificar la condena e incluso determinaron que esta debe aumentarse, de casi diez años a doce años de prisión. Eso complica aún más las posibilidades de que Lula pueda postularse y deja una mayor incertidumbre sobre cómo será la pelea por remplazar al actual presidente, Michel Temer.

De acuerdo con la Ley de Ficha Limpia, aprobada en el 2010 ante el furor por los casos de corrupción política, el fallo implica que Lula no podría ser candidato para las elecciones presidenciales de octubre. Sin embargo, se prevé que siga luchando por su derecho a estar en la boleta.

La imputación en su contra y la posible inhabilitación para contender por la presidencia han puesto en duda la legitimidad de las elecciones, para las que Lula aventaja de manera constante en las encuestas.

Lula, de 72 años, se mostró desafiante el martes durante un mitin en Porto Alegre, donde se encuentra el Cuarto Tribunal Regional Federal.

“Solo una cosa me va a sacar de las calles de este país y será el día que muera”, dijo. “Hasta entonces, estaré luchando por una sociedad más justa”.

El miércoles, en otra aparición pública, recalcó también: “Tenemos aún mucho tiempo para demostrar el error y las mentiras contadas sobre el PT [Partido de los Trabajadores] y Lula”.

Una victoria electoral para Lula significaría un impresionante regreso al poder para él y el Partido de los Trabajadores dos años después de que la expresidenta Dilma Rousseff, ahijada política de Lula, fuera retirada del cargo en un juicio político. Con ello, el exvicepresidente Michel Temer, del partido centroderechista Movimiento Democrático Brasileño, ascendió al cargo.

El juez Sérgio Moro, la figura más reconocible en la cruzada anticorrupción del sistema judicial brasileño, condenó en julio a Lula por corrupción y lavado de dinero al considerar que aceptó sobornos de la constructora OAS por medio de obras de renovación de un departamento junto al mar.

El juez Moro sentenció a Lula a nueve años y seis meses de prisión, pero estableció que podría permanecer en libertad en espera de las apelaciones.

El expresidente ha dicho que el fallo es un atentado contra la justicia, orquestado por actores políticos encubiertos en el sistema judicial.

“Está claro que este no es un juicio basado en las leyes, sino que se trata de un juicio político que busca condenar a Lula a como dé lugar, incluso si es inocente”, dijo Cristiano Zanin Martins, abogado del exmandatario. “Estas decisiones tienen motivaciones claramente políticas para sacarlo de la arena política”.

Quienes apoyan a Lula cuestionan la confiabilidad y las motivaciones de los testigos que lo implicaron en el caso del apartamento, al criticar que sus declaraciones fueron hechas como parte de un acuerdo de delación con la justicia; también han asegurado que el exmandatario nunca ha vivido ahí ni ha asumido la propiedad del inmueble.

Asimismo, señalan que políticos acusados de infracciones mucho más notorias —entre ellos, el hoy presidente Michel Temer, de quien hay grabaciones encubiertas de que avaló el pago de un soborno— no han sido imputados ni han rendido cuentas por ello.

El pánel de tres jueces que revisó la apelación de Lula incluye a dos juristas que fueron nombrados al cargo por Rousseff: João Pedro Gebran Neto y Leandro Paulsen. El tercero, Victor Laus, fue nombrado por el expresidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2003).

“Hay pruebas por encima del umbral de la duda razonable de que el expresidente fue uno de los principales articuladores, sino el principal, del esquema de Petrobras”, dijo Gebran Neto. “Como mínimo, las evidencias muestran que estaba al tanto y lo apoyó”.

Anamara Osório Silva, presidenta de la Asociación Nacional de Procuradores, repudió lo que llamó esfuerzos para poner en duda la integridad del poder judicial.

“Esta no es una persecución política, es un caso contra un político acusado de cometer delitos graves”, dijo Osório. “Nadie está por encima del poder judicial y nadie va a intimidar o debilitar la determinación de los procuradores”.

Sin embargo, se espera que Lula ahora acuda ante el Tribunal Superior Electoral y el Supremo Tribunal Federal, quizá con el argumento de que descalificarlo socavaría la democracia brasileña.

Los analistas políticos y expertos legales en Brasil prevén que el tema terminará siendo resuelto por el Supremo Tribunal Federal.

No se espera que Lula sea encarcelado mientras las apelaciones estén pendientes. Sus seguidores han advertido que encarcelar al expresidente, quien gobernó Brasil de 2003 a 2010, solo desataría una respuesta dura o caótica por parte de los integrantes del Partido de los Trabajadores.

“La reacción del PT sería la de sacarlo de la cárcel”, dijo Gleisi Hoffmann, presidenta del partido, en una entrevista el año pasado. “Hay toda una cultura en Brasil alrededor de encarcelar a un presidente, a un expresidente, que creo que ni siquiera las fuerzas armadas lo permitirían”.

Políticos experimentados y académicos brasileños han advertido de que prohibirle a Lula que sea candidato a la presidencia solo minaría la confianza del país en su joven democracia, que ha sido sacudida en los años recientes con la destitución de Rousseff, en 2016, y por las continuas revelaciones respecto al esquema de corrupción conocido como Lava Jato, que inició en 2014.

Incluso el presidente Temer ha dicho que espera que se le permita a Lula ser candidato.

“Creo que si Lula participa, sería democrático, ya la gente decidirá si lo quiere o no”, dijo el presidente en una entrevista con Folha de São Paulo que se publicó el 21 de enero. “Si es derrotado políticamente es mejor a que sea derrotado” en los tribunales, lo que lo haría parecer una víctima, añadió Temer.

Lula, quien se dio a conocer como líder sindical durante la dictadura brasileña de 1964-1985, dijo en una conferencia de prensa la semana pasada que este caso es apenas la más reciente persecución que ha enfrentado.

“Creo que quienes hoy me acusan están más preocupados que yo, porque yo tengo la paz mental de aquellos que son inocentes”, afirmó Lula. “Y deben de estar sintiendo la culpa que nace de la mentira”
They mes York times

Paula Ravier

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