Morrissey, ex cantante de Los Smiths, la rompió en Argentina

El ex cantante de Los Smiths demostró que tiene material propio para llenar varios shows.

Es Steven Patrick Morrissey cantándole This Charming Man a tu cara de porteñito melancoloide. Imaginemos los esfuerzos por tratar de hacer contacto con el dueño de toda tu intención de aprender un poco de inglés. Ni con Los Beatles te pasaba de querer estar al tanto de qué venía después del She loves you, yeah, yeah, yeah. Pero el que está cantando en su segunda fecha programada (la primera fue en el Teatro Opera) es el tipo más exquisito del pop. El eslabón perdido de las letras con ritmo. El garante del britpop. El protagonista absoluto de que los ochenta sean lo que se supone que son.

Morrisey vino a la Argentina cuatro veces. La primera y la última fueron en el Luna Park, acaso lo más parecido al ámbito en que un fóbico autorreferencial puede sentirse relativamente cómodo. Así que acá estamos firmes junto al papi de la banda de sonido de un montón de vidas. Como el mismo sabe y arenga con pechito contento: “Sing your life!”

El comienzo llega con su primer disco solista: Suedehead, hit de Viva Hate (1988). Un tema que prácticamente se pega con Alma Matters, publicada casi diez años más tarde. Al fin de cuentas, dos clásicos. Tal vez esta decisión haya sido una tentativa para comprender que Morrissey huye del consenso oficial de nostalgia que supondrían Los Smiths, y te demuestra que su carrera solista también tiene merecidas saudades.

Alguna vez nos visitó saliendo a escena con un “Buenas noches, Santiago”. Ese saludito consiguió llevarse un abucheo que en esta oportunidad se repitió cuando el cantante sugirió el nombre del nuevo presidente con un optimismo cretino, directo y estentóreo. Después, en plan anarquista, dijo: “No más Presidentes, no más Primeros Ministros. Mierda, mierda, mierda”. Típico del frontman que supo ganar años con canciones de amor, pero también velando por el malestar de las culturas.

Todos sabemos de su lucha vegana. Debe ser lo único que ensombrece su rictus amanerado, donde la gracia, se sabe, es la afectación de un hombre que se creó a sí mismo con una obra fascinante y una gestualidad melodramática. Pasan los mega pegadizos First of the Gang to Die y You Have Killed Me. Llegan Kiss Me a Lot y The World is Full of Crashing Bores (¿entre lo mejor de la noche?).

Morrissey hizo suficiente como para que Los Smiths, de ser posible, aparezcan mencionados entre paréntesis. Igual no se puede con el mito y él y su banda lo asumen ajustando el sonido de las guitarras con vistas panorámicas sobre la rítmica de Johnny Fuckin Marr (el otro 50% de Smiths). Y sí, Morrissey solista tiene material para hacer cinco shows distintos con la misma calidad. En un momento -esto es fuerte- va a tararear el estribillo de Morrissey, la canción de Leo García. En otro -esto también es fuerte- desembolsará causa noble y pelará su #Ni una menos (ni una vaca menos): la pantalla proyectará imágenes pavorosas que nos volveran vegetarianos por dos horas.

Es duro para el fan, pero Morrissey lleva ganada una carrera en solitario que podría prescindir del inmenso espejo retrovisor de la banda insignia. Sin embargo, cuando vuelve sobre sus pasos, cuando canta What She Said, por ejemplo, hace que segregues una baba de almíbar. O cuando suena ese tema de otro mundo que es How Soon is Now? Pero ya son casi tres décadas de hacerse cargo de su apellido.
Y de su ego.
CLARIN

Paula Ravier