Opinión de Eduardo Asueta sobre la reforma politica

Las leyes que rigen los sistemas electorales son las leyes más importantes de toda la organización sociopolítica, porque ellas definen las reglas de juego en el reparto del poder político: las estrategias políticas se adaptan a ellas, y como tal son las que crean y definen la cultura política de una sociedad, nada mas ni nada menos. ¿Porqué los sistemas electorales inciden en la cultura política? ¿Empoderar el voto, o empoderar las estructuras partidarias? ¿Internas abiertas o internas cerradas? ¿Las internas deben ser arbitradas por los mismos partidos políticos o por la justicia electoral? ¿La participación de las minorías afecta o fortalece la gobernabilidad? ¿Cómo inciden las nuevas tecnologías en los sistemas electorales? Estos interrogantes voy a intentar responder, con más ánimo de abrir un debate que de zanjar la cuestión. La reforma se avecina en el plano nacional y provincial, es necesaria, y es conveniente que todos aportemos a un debate realista, maduro y constructivo.

¿Porqué los sistemas electorales inciden en la cultura política?
La vaguedad y la falta de reglas electorales claras que promueven un financiamiento de campañas controlado y transparente hace que los partidos políticos terminen encolumnándose mas detrás de sectores económicos organizados que detrás de los intereses generales. El viejo sistema electoral de internas cerradas creo la cultura política del colectivo, quien afiliaba mas gente y llenaba mas colectivos –con la billetera- ganaba las internas. Estas reglas electorales crearon una cultura política de mayor sumisión ante ciertos poderes fácticos, en el primer caso, y una cultura política del colectivo o clientelar, en el segundo. Por eso son tan importantes las leyes que rigen los sistemas electorales. Si queremos mejorar la política precisamos mejores sistemas electorales. Es preciso tomar conciencia de esta relación. Con un buen sistema electoral funciona mejor el sistema de representación, se logra una clase política más competitiva, y ello es necesario para que la política de respuestas, se legitime como tal, frente a intereses sectoriales que muchas veces afectan derechos civiles o el mismo interés general.

¿Empoderar el voto, o empoderar las estructuras partidarias?
El desafío es encontrar un equilibrio, pero ante la duda me inclino por empoderar el voto. Yo pienso que hay que ir hacia una democracia de partidos políticos, pero sin desconocer la realidad que nos toca vivir. Una gran porción del electorado vive, piensa e interviene políticamente al margen de los partidos. Hay que sincerar el debate, hoy por hoy los partidos políticos no tienen vida democrática en sus interiores. A pesar de las críticas a los partidos tradicionales, el peronismo y el radicalismo son los únicos en los que se votan abiertamente sus autoridades. La sociedad de masas, clases y partidos políticos ha sido menguada por otra forma de organización social mucho mas fragmentada, diversa, liberal y mas politizada inclusive. El riesgo de empoderar las estructuras partidarias por sobre el voto reside justamente en que se deja a la porción mayoritaria de la sociedad fuera de la dinámica política.

¿Internas abiertas o internas cerradas?
No tengo dudas que volver al viejo sistema de internas cerradas sería un enorme retroceso político. Sería fomentar la vieja política basada en estructuras clientelares, desoyendo a una enorme porción del electorado que vive al margen de los partidos. Las PASO han sido un gran paso adelante, del que no hay que volver atrás, valga la redundacia. Se ha fomentado una mayor participación política, y se ha empoderado el voto ciudadano por encima de las actuales estructuras partidarias. Esto hace que los actores electorales apunten a construir una imagen buena, de cara a la ciudadanía, basada en el trabajo y el mérito social, mas que en el manejo de las estructuras clientelares. Las PASO han contribuido a poner la política de cara a la ciudadanía.

¿Las internas deben ser arbitradas por los partidos políticos o por la justicia electoral?
Hay que reconocer que los partidos políticos no tienen ni la estructura ni la confiabilidad que amerita el control de un acto eleccionario. Yo creo que la justicia electoral, conjuntamente con la junta, es decir el estado, el sector público, son quienes deben arbitrar el acto eleccionario. La confiabilidad es una de las bases de todo sistema electoral, no hay que retacear esfuerzos al respecto.

¿La participación de las minorías afecta o fortalece la gobernabilidad?
La participación de las minorías tiene rango constitucional, reconocido por la jurisprudencia electoral, tanto nacional como provincial. Sin embargo es preciso encontrar un equilibrio. El sistema D´Hontd está vigente, es preciso incluirlo en las internas partidarias si queremos fortalecer el sistema de partidos, de los contrario se tiene a la atomización de partidos. Así funciona en la mayoría de los regímenes electorales, y lo hace con buenos resultados. El verticalismos extremo fomenta el conservadurismo, sin lugar a dudas la política no es vanguardia, pero tampoco es bueno fomentar un conservadurismo espeso. La vida y la economía son cada vez mas dinámicas, precisamos una política con alta capacidad de recambio y adaptación, los dos extremos son malos para cualquier democracia. Para que la política sea competitiva frente a otros factores de poder es preciso que haya oxigenación y recambio, de lo contrario es un sistema contraproducente.

¿Cómo inciden las nuevas tecnologías en los sistemas electorales?
Positivamente. No son la panacea, ni una solución en si misma, pero bien empleadas pueden contribuir a fortalecer varios principios electorales, como el control, la igualdad, y la transparencia del acto eleccionario. A grandes rasgos las tecnologías electorales han aportado resultados muy positivos, sin embargo hay que tener mucho cuidado al tomar decisiones al respecto. Se trata de grandes inversiones, y de resultados que pueden ser contraproducentes. Las inversiones en tecnología tienen que ser compatibles con la futura evolución del sistema electoral.

Conclusión
Quienes creemos en la política como una herramienta de ampliación de derechos no podemos desconocer la importancia de esta cuestión. Sin lugar a dudas subyasen en estos debates los diferentes marcos ideológicos, pero estos debates no pueden estar teñidos por egoísmos, ni banderías, ni miradas cortoplacistas. al contrario. A todos nos cabe la responsabilidad de bregar y seguir bregando por una mejor política, por una política cada vez mas competitiva, con mayor legitimidad, una política que convoque, que genere inclusión, convivencia, y, sobre todo, que cumpla con las expectativas de bienestar general que todos tenemos

Paula Ravier

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