Padre Andrés Servin mira a su barrio desde una gigantografía

Partió hace más de un año pero sigue ahí. Está en sus obras, todas al servicio de lo esencial: La dignidad. Y desde el 8 de mayo, con rostro alegre y ojos pícaros, abraza a su querida barriada desde un artístico cartel. Por Osvaldo Bodean.

Eran las 5 de la tarde del domingo 8 de mayo. Frente a la emblemática Parroquia de la Gruta de Lourdes, bajo un cielo grisáceo, un grupo de concordienses aguardaba expectante que comenzara la ceremonia para homenajear al Padre Andrés Servin, en la fecha de su cumpleaños.

Sobre los ladrillos húmedos de uno de los muros del Club Sarmiento, oscurecidos por el paso de los años, una gigantografía en honor a Andrés, tapada por una media sombra verde, esperaba a que fuera descubierta y bendecida.

De las manos creadoras de dos artistas, Carlos Cicognini y Daniel Mendoza, emanó esta obra que ahora luce frente a la Parroquia, como ayuda memoria de aquel hombre enamorado de Cristo presente en sus hermanos, que no por casualidad había elegido como lema de su sacerdocio el Evangelio de San Juan allí donde dice “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos”.

Hablando de amigos, fue justamente un grupo de ellos, de los innumerables amigos de Andrés, el que se atrevió a organizar este homenaje. Son personas que en el camino de la vida alguna vez se cruzaron con él y fueron arrastrados y abrazados por su compromiso.

El Padre Daniel Petelín, a quien le ha tocado la nada sencilla tarea de sucederlo al frente de la Parroquia, alto, delgado, vestido íntegramente de blanco, bendijo la gigantografía. Daniel no dejó pasar la oportunidad para resaltar lo que tal vez sea el modo más adecuado de honrar la memoria de su predecesor: el trabajo denodado para dar continuidad a sus obras, en la guardería, en la escuela, en el Centro Comunitario San Andrés, en Casa de Emaús. En fin, allí donde hay necesidades y derechos esenciales que urge atender.

Enseguida le pasó el micrófono al Padre José Temón. Pocos con tanta autoridad como él para hablar de los primeros pasos de Servin en Concordia.

Palabras más, palabras menos, Temón recordó: “Andrés, joven, recién llegado de Europa, donde se había especializado, me vino a pedir un lugarcito en la Parroquia. Él estaba alojado en el Obispado y yo le expliqué que acá, en el barrio, tal vez no encontraría el ámbito propicio y las comodidades para preparar sus clases. Pero él me respondió que allá, en el centro, se sentía aislado de la gente”.

La anécdota alcanza y sobra para entender que Servin había resuelto vivir su libertad como compromiso, como opción por los más pobres. Y perseveró en esa opción casi 45 años, hasta que su corazón dejó de bombear sangre. Se compenetró tanto con el barrio que le bastaba sentir el aroma a tortas fritas saliendo de alguna humilde casilla para saber que allí tal vez estuviera faltando lo necesario para parar la olla. Y se preocupaba. O, mejor aún, se ocupaba.
Una síntesis de sus obras
La gigantografía muestra a Andrés con alas y un rostro alegre, iluminado por una sonrisa entre pícara y socarrona, que lo caracterizaba. De sus manos parten, cual si fueran ramas de un árbol frondoso, sus obras.

El listado es extenso, admirablemente extenso. Pero, por sobre todas las cosas, asombra descubrir su hilo conductor: la dignidad de las personas, defendida, exaltada, mediante el cuidado de niños y ancianos, la vivienda, la salud, el trabajo y, sobre todo, muy especialmente, la educación.

“Un niño que abandona la escuela tiene quebrada el alma”, repetía, cada vez que reclamaba frenar la deserción escolar.

Aquí, el listado de obras que exhibe la gigantografía, todas ellas levantadas junto a la comunidad:

1) Guardería de bebés. Hogar Diurno. Comedor Comunitario. “La Barra de la Gruta”, espacio para adolescentes.
2) Capilla y Centro Comunitario “San Andrés”.
3) AGRAC (Agrupación Ayuda Comunitaria). Construcción Barrio Pancho Ramírez.
4) Casa de los Abuelos.
5) Casa de Encuentros Emaús. Colonia de Vacaciones “Nuestra Escuela de Verano”.
6) Prototipo de viviendas de madera en convenio con INTA.
7) Proyecto educativo Zona Sur EGB3. Movimiento de Solidaridad y Esperanza. Escuela N° 50 “Solidaridad y Esperanza”. Escuela N° 152 “La Viña”.
Coordinador Consejo Provincial del Menor: Hogar Casa de la Paz. Hogar Casa de los Gurises. Hogar Diurno Comunidad Juvenil Solidaridad.
8) Marchas por la Vida y por la Paz. Por los derechos del niño, por el trabajo, en defensa del Hospital Felipe Heras, en defensa del Ferrocarril.
9) Muro de contención Defensa Sur “Nuestra Señora de Lourdes”.
La canción que tanto le gustaba
La comunidad de la Gruta de Lourdes, los amigos de Andrés, conocieron sus gustos.

En especial, la manera en que disfrutaba de su canción preferida, “Qué triste y qué lindo”, escrita por otro sacerdote, Julián Zini, y llevada al disco por Los de Imaguaré.

Su letra, simple y a la vez profunda, resume la vida de Andrés Servin. Él supo llegar a viejo con el alma y las manos felizmente gastadas:

Qué triste debe ser llegar a viejo
con el alma y las manos sin gastar.
Qué triste integridad la del pellejo
que nunca se jugó por los demás.

Qué triste debe ser tener de todo
que hay tantos que se venden por un pan,
qué triste soledad de cualquier modo
la que nace de la desigualdad.

Por eso estoy aquí cantando
por eso estoy aquí soñando.
Con el hombre feliz, el hombre nuevo,
el hombre que te debo mi país.

Escuchen bien: no estoy cantando en vano,
mi canto es esperanza nacional;
hay un pueblo Latinoamericano
que sueña cuando canto su ideal.

Qué lindo poder siempre dar la mano,
saber que es posible la amistad.
Qué lindo procurar para mi hermano
lo mismo que procuro yo al cantar.

Qué lindo que es jugarse con los otros
detrás de lo inhumano de un jornal.
Qué lindo confundirse en nosotros
del pueblo que es la única verdad.
Fuente: El Entre Ríos

Paula Ravier

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