Prisión y traslado del “Víbora” Acuña por el crimen de Josefina

El tío de la menor, aparecida muerta el martes último, permanecerá en prisión durante un plazo de 90 días, que podría luego prorrogarse.

El magistrado lo dispuso así para evitar una eventual fuga y también para que no entorpezca la investigación. Es el único acusado por la muerte violenta de la chica de 17 años, cuyo cuerpo apareciera, mutilado, después de 27 días de búsqueda. Juan Carlos Acuña, alias El Víbora, principal sospechoso del crimen de Josefina Inés López, permanecerá detenido con prisión preventiva durante un lapso de 90 días, que se podría prorrogar, por cuanto la ley habilita hasta un plazo de un año y medio.

La decisión la adoptó ayer el titular del Juzgado de Transición Nº 2, de Concordia, Pablo Garrera Allende, al cabo de la audiencia en la cual el fiscal Fabio Zabaleta, quien investiga el femicidio de Josefina, pidiera esa medida. El fiscal argumentó en dos hechos el pedido de prisión de Acuña, pareja de Nelly Gómez, tía materna de Josefina: el riesgo de fuga y el eventual entorpecimiento de la investigación, derivado principalmente de la posible presión sobre los testigos de la causa.

La prisión, sin embargo, no la cumplirá en Concordia, sino en Gualeguaychú.
De acuerdo a la tesis del fiscal, Acuña mató a Josefina el mismo día de su desaparición, el 29 de julio y cerca de donde se la vio por última vez, la casa de su mamá, Elizabeth Gómez, en el barrio El Sol, en Concordia. El Víbora la habría citado para encontrarse ese día, tarde en la noche y la habría asesinado. ¿Cuál sería el móvil? La presunción de la Justicia es que la chica se habría enterado de una relación clandestina de Acuña, y le advirtió que se lo contaría a su tía.

Pero nunca tuvo en cuenta el historial de El Víbora. En 1998 había sido condenado a una pena de 7 años y medio en Baradero, provincia de Buenos Aires, por la violación de una adolescente, a la que luego intentó matar.

No la mató. Pero sí lo logró con Josefina. Macabro. Durante 27 días, el paradero de Josefina fue un misterio. El 29 de julio salió de la casa de su padre, Gustavo López, en un asentamiento próximo al barrio La Bianca y se dirigió a la vivienda de su madre, en barrio El Sol. Salió de allí, donde además viven, en el mismo terreno, su tía y la pareja de éste, dispuesta a tomar un colectivo que la devolviera donde su progenitor.

No volvió nunca. El martes por la tarde se desarrolló un operativo policial de rastrillaje que involucró a más de 100 agentes que procedieron a “peinar” todo un sector de matorrales, conocido como el Naranjal de Pereda, próximo al Parque San Carlos. La búsqueda incluyó perros y un drone -un robot aéreo no tripulado- y concluyó con la peor noticia: Josefina López fue encontrada muerta, mutilada. Ese día hallaron el torso y las piernas y por la noche del martes, en los Tribunales, los papás de la chica debieron hacer lo que nunca: reconocer los restos encontrados como pertenecientes a su hija. La mamá advirtió el piercing en el ombligo; el papá, reconoció las botas que llevaba puestas.

El miércoles, el rastrillaje continuó y entonces dieron con la cabeza y los brazos. Ese mismo martes quedó detenido Acuña y ayer el juez le dictó la prisión preventiva por 90 días, aunque según explicó el fiscal Zabaleta esa medida podría extenderse después hasta los 120 días. En el interín, buscarán probar con el auxilio de la ciencia que Acuña fue efectivamente el matador. Acuña la mató dándole un golpe en la cabeza con un adoquín y escondió el cuerpo en un pajonal. Después, buscó la forma de deshacerse del cadáver: pensó tirarlo al río Uruguay, pero no lo consiguió, así que volvió a esconderlo. Finalmente, decidió seccionar el cuerpo.
Pruebas

El fiscal Zabaleta armó el rompecabezas del caso con la ayuda de la tecnología. Sin rastros de la chica y ninguna pista firme que llevara a establecer su paradero, se decidió echar mano a su celular: se consiguió que el juez librara un oficio y se pidió una duplicación del chip a la empresa Claro y ese chip después se puso en un aparato celular. Luego, se consiguió la clave de acceso a la cuenta de Facebook de Josefina y de ese modo se pudieron reconstruir los últimos momentos de la vida de la chica.

El 29 de julio había mantenido un chat con Acuña y habían convenido encontrarse cerca del sitio donde apareció muerta. El fiscal reunió pruebas y testimonios que avalan la tesis de que Acuña buscó deshacerse de Josefina asesinándola. Pero ahora busca avalar esa argumentación con una prueba científica: el ADN. Ayer, al igual que en la audiencia del jueves, Acuña se mantuvo sin pronunciar palabra.

Así confiaron fuentes de la investigación por cuanto la audiencia no fue pública. En ambos trámites en la Justicia, Acuña estuvo asistido por el defensor oficial, Sebastián Pita. “La audiencia no fue pública por cuanto se abordaron cuestiones que hacen al honor de la menor. Y esas cuestiones aluden al móvil del crimen”, justificó el fiscal. Por delante, mientras Acuña esté detenido, el fiscal buscará dar un paso más: conseguir una “prueba fundamental”, según dijo. “Ahora tengo los testimonios que lo incriminan -subrayó-.

Pero me falta la prueba objetiva, fundamental. Si yo encuentro, en todos los rastros, un cruce de ADN entre el victimario y la víctima, ahí cierro el caso. Contra el ADN no hay prueba que la pueda refutar. Es clave. Y sea que encontremos ADN de la víctima en Acuña; o de Acuña en la víctima”, indicó.

El juez entendió que la causa reunió los elementos necesarios para establecer la probabilidad de autoría del crimen por parte de Acuña. “El juez consideró que estaban bien desarrollados los argumentos. Y consideró que el mejor camino era dictar la prisión preventiva frente a la posibilidad de fuga o de entorpecimiento de la investigación”, apuntó Zabaleta.

Después que el juez de Garantías Pablo Garrera Allende le dictó la prisión preventiva por 90 días, Juan Carlos Acuña, alias El Víbora, único acusado por el crimen de Josefina López, pidió cumplir esa medida fuera de la ciudad de Concordia. Al parecer, teme por su integridad física y por eso solicitó ser trasladado a la Unidad Penal de Gualeguaychú, petición que fue acogida favorablemente.

El traslado, sin embargo, demorará. Ayer después de la audiencia en Tribunales, que se desarrolló durante la mañana, se le extrajo sangre para el ADN. Durante los próximos tres meses, el fiscal Fabio Zabaleta trabajará en la preparación de la prueba, aunque ese tiempo podría extenderse antes de que la causa sea elevada para juicio oral.

fuente el heraldo

Redacción Concordia Directo

Dejá tu opinión o comentario