¿Que le da consistencia a la Defensa Sur?

¿Qué tiene de especial ese terraplén de 18 metros que salvó de la inundación a no menos de 12 mil personas en Concordia? Hay en él una sustancia que une los elementos y que no puede faltar en futuras obras.
Si alguien aspira a encontrar en las líneas que siguen un listado de materiales, como esos trozos de papel mal cortado que suelen garabatear a lápiz los albañiles con el detalle de lo que hay que encargar para hacer -por ejemplo- los cimientos del dormitorio que agregarás a tu casa: tanto de arena, tanto de pedregullo, de hierro, de cemento, ladrillos, etc. …

En fin, si alguien espera eso, haría bien en abandonar la lectura. Claro que se perderá de conocer lo esencial, el alma de la Defensa, su sentido, su significado más profundo.
Esta vez, la mano venía brava
La Defensa Sur acaba de salvar de las aguas del desbordado Río Uruguay a no menos de 12.000 personas. Nada nuevo. Ya son incontables las inundaciones en que brindó el mismo y silencioso servicio, pasando desapercibida.

Pero esta vez, como la mano venía brava y el río creció y creció hasta acercarse a su cima, cundió la preocupación. La Defensa, ignorada por el común de los mortales en tiempos normales, frecuentada sólo por pescadores, ladrilleros y cirujas que van a hurgar en los basurales de su entorno, de golpe se llenó de visitantes “importantes”, poderosos: Políticos, funcionarios, asesores, periodistas… ¡Si hasta el Presidente habló de ella!

¿Resistirá?, se preguntaban, con el ceño fruncido. Indagaban acerca de la firmeza del terraplén y los materiales con que se levantó, inspeccionaban vertientes y filtraciones, probaban las bombas, se lamentaban por las fallas en el mantenimiento.

La miraron también desde el aire, en avión y en helicóptero. Y se asustaron fiero. Es que la Defensa Sur se veía desde arriba como una delgada línea oscura atrapada entre el río Uruguay de un lado y la desembocadura del Arroyo Concordia del otro, dos monstruos a punto de fagocitarla.
Lo esencial de la Defensa es invisible a los ojos
Pero como fuere que la hayan mirado los que la visitaron, casi seguro que se perdieron de ver lo más importante, lo esencial de la Defensa Sur, lo que es invisible a los ojos como nos enseñó El Principito, lo que sólo se puede ver si se sabe de su historia.

Es que a simple vista es imposible ver en el amasijo de tierra del terraplén al sufrimiento de los pobres y no tan pobres que se inundaron en innumerables crecientes previas a su construcción, en tiempos duros, difíciles, como las décadas del setenta y del ochenta.

Tampoco se percibe el dolor de padre del párroco de Gruta de Lourdes, Andrés Servin, que no pudo ni quiso aceptar que su gente, sus hijos, lo perdieran todo una y otra vez por el avance de las aguas.

Como tampoco se resignó el porfiado cura de la opción preferencial por los pobres, a que la única solución que se ofreciese a los vecinos fuera erradicarlos; es decir, desarraigarlos, trasplantarlos a parajes desolados del noroeste de la ciudad, aún sin servicios, sin árboles, y, sobre todo, sin el río y sin su identidad.

Viendo la defensa con mirada superficial no se alcanzan a captar los ecos de aquel histórico 14 de febrero de 1995, cuando Andrés y los vecinos comenzaban a reunirse para exigir la concreción de la Defensa Zona Sur, como “única respuesta global y válida al flagelo de las inundaciones”, bajo las consignas “Estamos decididos a cambiar nuestra suerte” y “La única fuerza del pobre es su conciencia”, las dos frases con las que el cura hacía docencia.

No se ve tampoco, ni caminando en la defensa ni mirándola desde el aire, la entrega del Ingeniero José “Pepe” Bourrén, de la Universidad Tecnológica Nacional, traduciendo en un primer anteproyecto técnico el sueño de esas barriadas.

Menos aún se alcanzan a ver en esos kilómetros de terraplén los viajes a Paraná en colectivo, cuasi peregrinaciones que hacían el Padre Andrés y los vecinos, deambulando por los pasillos de la Casa Gris, para que de una vez por todas la obra fuera autorizada, lo que recién ocurrió en 1997, cuando el entonces gobernador Jorge Busti llamó a licitación.

Tampoco se ve a simple vista en el murallón que por estos días se hizo famoso en la TV nacional, a José González, “el bombero” que en una de las peores crecidas de la década del 90, junto a un grupo de vecinos, frenó el agua apilando bolsas de arena. Pero como el río subía, se empecinaron en agregar más y más bolsas. Y luego camionadas de arena traídas de urgencia, con más corazón que planificación. Y así, el empecinamiento se convirtió en gesta admirada por toda la ciudad. Es verdad que al final aquella improvisada muralla cedió, pero fue una derrota que se convirtió en victoria al demostrar que se podía.
Se hizo Defensa Sur y habita entre su gente
En síntesis, lo que no se ve si se mira la Defensa Sur de Concordia sólo con los ojos, es que está hecha de pueblo y de fe, de sufrimientos y de esperanzas, mucho antes que de tierra, cemento y estación de bombeo.

Lo que es invisible a los ojos es que sin la fe del curita y el amor por sus ovejas jamás se hubiera construido.

En fin, lo que tal vez sólo aprecian los vecinos de Gruta de Lourdes, Tiro Federal y Ex Aeroclub, es que el terraplén es el mismo Andrés que no se fue, que sigue allí, velando por su dignidad, porque se hizo Defensa Sur y habita entre su gente.

Si no se quiere correr el riesgo de que la obras recientemente anunciadas queden sólo en promesas, o que se demoren más de la cuenta como lamentablemente ya sucedió en el pasado, hará falta un alma como la que dio vida a la Defensa Sur de Concordia.

Es decir, serán necesarios líderes sociales comprometidos con el bien común y un pueblo decidido a ser protagonista, a cambiar su suerte con la fuerza de su conciencia.
el entre rios

Paula Ravier

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