Un periodista revive una vieja polémica con Víctor Hugo por su “autoritarismo microfónico”

Sergio Sinay desempolvó hace algunos días un viejo recorte de su archivo personal en el que muestra cómo, hace 32 años, el relator trató de fascista a un colega por no pensar como él.

El recorte que encontró Sergio Sinay sobre Víctor Hugo.

En medio de los reclamos por el despido de Víctor Hugo Morales de radio Continental, que generó hasta una masiva marcha a Plaza de Mayo impulsada por el kirchnerismo, el periodista y ensayista Sergio Sinay desempolvó una vieja polémica que tuvo con el relator uruguayo hace 32 años, cuyo detonante fueron las barras bravas pero terminó focalizándose en la libertad de expresión.

A través de Facebook, Sinay reflotó su cruce público con Víctor Hugo. “En estos días de comienzos de año, mientras oficiaba mi ceremonia anual de revisar y tirar papeles, me encontré con esa columna. Nunca se sabrá si las casualidades son casualidades (el gran Carl Jung sostenía que no). Lo cierto es que esa columna se publicó el 20 de abril de 1984 y leída hoy parece una confirmación de que cada quien es fiel a su naturaleza y que nada cambió desde entonces en el autoritarismo y el oportunismo microfónico de quien ahora se presenta como mártir de la libertad de expresión”, dijo el periodista.

Según explica, Morales acusó desde su programa de radio al periodista Hugo Asch, que osó criticarlo por haberle prestado el micrófono a barra bravas, a los que incluso llegó a elogiar (algo similar a lo que hizo la expresidenta Cristina Fernández en 2012).

“Mi amigo tuvo el ‘atrevimiento’ de disentir con él en un tema tan sensible entonces como ahora: mi colega y amigo no coincidía con el hecho de que Morales brindara el micrófono a los barra bravas y que además los elogiara. Ante aquello Víctor Hugo hizo lo que es habitual en él: lo trató de fascista y de escribir lo que le ordenaban (los autoritarios coinciden en la creencia de que nadie puede pensar por cuenta propia)”, recordó.

A continuación el artículo que Sinay publicó El Observador, de Editorial Perfil, en 1984 y volvió a replicar en su blog hace pocos días, el 15 de enero de 2016, tres décadas más tarde:

En el número 20 de El Observador mi colega, compañero y amigo Hugo Asch expresó lo que sentimos la mayoría de los hinchas de fútbol: su repugnancia ante esos energúmenos infrahumanos y descerebrados que integran las barras bravas. Tras aclarar que el relator Víctor Hugo Morales le merece el mayor de los respetos, Hugo Asch recriminó (con sobriedad y altura) a Morales por haber brindado durante cuarenta minutos el micrófono a miembros de la barra brava de Racing (club al que Asch debe tantas tristezas y alegrías). El argumento de Asch: no se debería dar un foro a quienes, con su violencia, han convertido al fútbol en un campo de batalla y de muerte.

El sábado 14 de abril Víctor Hugo Morales, por radio, al finalizar la transmisión de Racing-Lanús, acometió contra Asch tratándolo de fascista y dijo que esas cosas se escriben por obligación, para dejar contentos a quienes pagan y por la necesidad de hacer un bolo y ganar unos pesitos.

Me consta que Hugo Asch escribió en absoluta libertad y que su nota responde a lo que él -y los auténticos hinchas de fútbol- sentimos: miedo, desprotección, indignación. No sé qué tipo de periodistas frecuenta el señor Morales. Sé quién es Asch y sé quiénes somos los que nos creemos libres de expresar lo que pensamos sin obligación de obedecer a “quien paga”. El bolo por lo demás, existe en el mundo de la farándula, pero no en el ambiente de trabajo que frecuenta Asch. La palabra bolo no forma parte de nuestro lenguaje.

Otra cosa que me consta -no sólo a mí, la historia abunda en pruebas- es que los medios masivos pueden, sí, apuntalar el fascismo. Si por un micrófono uno trata de fascista a alguien que simplemente no coincide con uno, puede llegar a hacer creer que ese alguien es fascista (sobre todo si no se aclaran los términos). Ya lo decía Goebbels, ministro de Propaganda de Hitler: una mentira, repetida cien veces y amplificada, se convierte en verdad. Un micrófono no es una herramienta inocente. La palabra, tampoco. La conjunción de ambos exige prudencia, sensatez, responsabilidad, sentido común. Un micrófono no debería ponerse al servicio de delincuentes. Y en las barras bravas hay asesinos, depredadores, ladrones y gran variedad de delincuentes.

El señor Morales dijo el sábado que, al hablar con los componentes de esas barras, descubrió que son “seres como nosotros”. Me permito disentir. Si “nosotros” somos los miembros de la comunidad que trabajamos, ansiamos la paz y queremos ir sin miedo a una cancha, somos muchos miles los que tenemos derecho a pedirle al señor Morales (aunque nos crea fascistas) que no nos incluya en ese plural “nosotros”. Yo, que voy los domingas a ver a Ríver, que amo el fútbol, que lo veo, lo discuto y lo juego, no me siento igual a un delincuente.

Y, de paso, tampoco entiendo por qué el señor Roberto Marcos Saporiti (DT de Argentinos Juniors) es detenido, incomunicado y procesado luego del partido Ríver-Argentinos Juniors por el solo hecho de haber intentado que sus jugadores no se quejaran como desaforados ante el árbitro luego de un gol que consideraban injusto, mientras los delincuentes de las barras bravas roban, destruyen y hasta matan sin ser detenidos, o siendo liberados a las pocas horas para ser recibidos como héroes por sus pares. No hace falta profundizar mucho en el tema para comprender que aquí hay algo que funciona mal. Y todo esto lo digo no porque me moleste el éxito del señor Morales (con cierta soberbia, en ese programa los componentes del equipo atribuyen cualquier crítica a la envidia). Al contrario, creo que con su presencia Morales desbarató el totalitarismo que existía en el ámbito del relato deportivo y lo hizo en contra de quienes habían convertido a esta especialidad periodística en una deleznable cobertura del proceso. Pero justamente, si hay algo que la mentalidad autoritaria no entiende es que se pueda disentir sin descalificar y coincidir sin endiosar.
Fuente: http://sergiosinay.blogspot.com.ar

Paula Ravier

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