
Derecho a réplica
Recientemente, la asociación que integro presentó un pedido de acciones concretas surgidas de la realidad social que atraviesa nuestra comunidad. Sin embargo, tanto en distintos medios de prensa como en la reciente sesión del Concejo Deliberante, se evidenció un claro y lamentable intento de desviar la atención sobre la gravedad de lo expuesto.
Por ello, y en carácter personal, como pastor y como ciudadano, considero necesario expresar lo siguiente:
Con el respeto que me merecen los señores concejales que realizaron determinadas interpretaciones sobre nuestras expresiones, me tomo el atrevimiento de solicitarles objetividad. Que no les nuble la razón la comodidad de sus altos salarios, pagados por ciudadanos cada vez más empobrecidos, quienes esperan de sus representantes soluciones concretas y sensibilidad social, no debates ideológicos alejados de la realidad cotidiana.
No es la primera vez que situaciones similares son expuestas públicamente. Estas problemáticas no pertenecen únicamente a la actual gestión, sino que vienen repitiéndose desde hace años. Basta con revisar archivos periodísticos y comunicados anteriores para comprobar que la pobreza, el hambre y la exclusión social en Concordia no son un relato político, sino una realidad imposible de ocultar.
También les pedimos, con respeto, que sean verdaderamente dignos y honorables representantes de todo el pueblo, y no únicamente de un sector partidario.
Les rogamos que empiecen a mirar el plato vacío de la gente.
La crisis alimentaria y social que atraviesan cientos de familias concordienses es alarmante y no admite negaciones ni especulaciones políticas. Desde nuestras iglesias, comedores y tareas pastorales vemos diariamente cómo crece la desesperación de familias que no logran cubrir necesidades básicas. Esa realidad existe y duele.
Ya que estamos hablando de pobreza, me permito agregar otra situación que también merece atención urgente: la realidad de muchos empleados municipales. Numerosos trabajadores se encuentran profundamente endeudados para poder alimentar a sus familias, con problemas de salud, cuadros depresivos y salarios extremadamente alejados de los ingresos que perciben quienes hoy ocupan cargos políticos. Muchos de ellos se sienten abandonados y librados a su suerte.
En el marco del respeto que merecen las instituciones democráticas, también esperamos respeto hacia el trabajo pastoral. Soy testigo del enorme esfuerzo que realizan mis pares, quienes sostienen gran parte del trabajo social con recursos propios y con la colaboración de los fieles. Allí donde muchas veces el Estado no logra llegar, las iglesias acompañan, contienen y ayudan silenciosamente a quienes más sufren.
Por último, considero que corresponde un debido pedido de disculpas públicas por las expresiones vertidas, que agravian gratuitamente no solo la investidura pastoral, sino también a una institución comprometida históricamente con la sociedad y, especialmente, con los sectores más vulnerables y golpeados por políticas que desde hace años resultan insuficientes para garantizar una vida digna.
Si la verdad incomoda, el problema no es de quien la expresa, sino de quienes, teniendo el poder para cambiar la realidad, prefieren ofenderse antes que asumir la responsabilidad que les corresponde.
Pastor Hugo Daniel Ozuna
DNI 20.457.372
