Te voy a decir algo que capaz pensaste alguna vez escuchando Fuerza Natural, pero nunca te animaste a decirlo en voz alta porque sonaba medio loco.
Yo también creía que era una flasheada de fan.
Hasta que me puse a escuchar el disco otra vez. Pero escuchar de verdad. No de fondo. No manejando. No limpiando. Escucharlo como si Cerati te estuviera queriendo decir algo.
Y ahí cambia todo.
Porque Fuerza Natural no suena como un disco común. No tiene clima de “temas sueltos”. Tiene otra cosa. Tiene un hilo raro. Como una película rota. Como si alguien estuviera viajando hacia algún lado y nosotros agarráramos escenas perdidas en el medio.
Y cuanto más lo escuchás, más incómodo se pone.
“Viajo sin moverme”.
Hermano… meses después Gustavo queda inmóvil tras un ACV.
Y no es solamente esa frase.
Todo el disco habla de tránsito, de irse, de cruzar, de dejar atrás algo. Hay rutas, desiertos, visiones, déjà vu, cuerpos cansados, pérdida del tiempo, disolución. Hay canciones que parecen escritas desde un lugar muy extraño, como si el narrador ya estuviera medio afuera de la realidad.
“Rapto”, por ejemplo, hoy da escalofríos. Porque no parece una canción de amor. Parece alguien siendo arrancado de un plano. Llevado. Absorbido.
Después está “Convoy”. Después “Sal”. Después “Naturaleza Muerta”.
Y ahí empezás a preguntarte algo que millones de personas vienen preguntándose hace años:
¿Cerati estaba anticipando algo?
A ver. Tampoco hay que caer en la conspiranoia barata. No creo que Gustavo haya dicho “me voy a morir”. No pasa por ahí.
Pero sí creo algo.
Creo que hay artistas que sienten cosas antes de entenderlas racionalmente.
La cabeza humana es rarísima. Y los tipos ultra sensibles, los que viven creando, escribiendo y absorbiendo todo, a veces largan mensajes sin darse cuenta. Como si una parte más profunda del cerebro ya estuviera leyendo algo que todavía no llegó.
Y Cerati era exactamente ese tipo de artista.
Encima Fuerza Natural venía acompañado de una idea todavía más loca: una película que iba a unir todas las canciones en formato road movie espiritual. Eso existió de verdad. No se terminó nunca después del ACV.
O sea… el disco literalmente iba a ser un viaje audiovisual.
Y cuando entendés eso, todo encaja distinto.
Porque entonces las canciones dejan de ser canciones.
Parecen capítulos.
Por eso tanta gente siente que el álbum está “desordenado”. Como si hubiera un orden oculto. Como si Cerati hubiera dejado pistas para que nosotros armemos el recorrido.
Y ahí entra algo todavía más fuerte.
La metafísica.
Sí, ya sé. A muchos les da cringe esa palabra. Pero pará un segundo y pensalo sin prejuicio.
Cerati estaba muy metido en símbolos, sueños, percepción, sincronías, estados alterados, naturaleza, expansión de conciencia. Y Fuerza Natural está lleno de eso. No parece escrito desde el ego normal. Parece escrito desde alguien observándose desde afuera.
Capaz por eso el disco pega tanto hoy con pibes de 20 años que ni siquiera vivieron el boom de Soda Stereo. Porque hay algo ahí adentro que sigue vivo. Algo que no terminó de explicarse.
Y cuanto más pasa el tiempo, más parece que Fuerza Natural no era un cierre musical.
Era una transición.
No sé si Gustavo vio su final.
Pero sí creo que estaba mirando una puerta que la mayoría de nosotros ni siquiera registra que existe.
El enano Peiso
Maximiliano Peisojovich
Comunicador investigador, director Concordia directo











Leave a Reply