
La ciudad de Concordia se encuentra envuelta en una fuerte controversia tras la demolición de la emblemática Casa de Campo de la familia Zorraquín, ubicada en la intersección de San Carlos y Belgrano. El hecho ha sido calificado como un acto de “doble discurso” por parte de la gestión municipal, ya que la autorización para el derribo se dio apenas días después de que el municipio reglamentara un sistema de premios e incentivos para la conservación de edificios históricos.
Un baluarte de la historia local
La propiedad no era solo una estructura antigua; representaba el legado de Federico Zorraquín, quien fue el primer intendente de Concordia. Construida alrededor de 1909, la casona era un fiel reflejo de las villas suburbanas de principios del siglo XX, con una arquitectura de influencia italiana, ornamentación detallada y amplios jardines que marcaron el desarrollo de la zona norte de la ciudad.
Zorraquín es recordado no solo por su rol político y su búsqueda de la convivencia democrática, sino también por ser el impulsor de la adquisición de tierras que dieron origen a lo que hoy es Villa Zorraquín. Su residencia funcionaba como un testimonio físico del crecimiento fundacional de la región.
La contradicción oficial
El malestar de la comunidad y de los profesionales del sector radica en la reciente puesta en marcha de la ordenanza que regula el Premio a las Intervenciones Edilicias Patrimoniales. Esta norma busca fomentar la protección del patrimonio mediante exenciones impositivas y reconocimientos públicos. Sin embargo, mientras se promocionaba esta iniciativa, el área de Desarrollo Urbano autorizaba la desaparición de uno de los exponentes más claros de dicha historia.
Desde el Colegio de Arquitectura y Urbanismo de Entre Ríos (CAPER), emitieron una dura crítica denunciando la falta de planificación y la “insensibilidad” de las autoridades. Según los expertos, se trata de una pérdida irreparable que evidencia la ausencia de una política real de preservación que trascienda los anuncios publicitarios.
El vacío que deja la casona Zorraquín reabre el debate sobre el futuro del perfil urbano de Concordia y la necesidad de proteger los edificios que guardan la memoria colectiva de la comunidad frente al avance inmobiliario sin regulación patrimonial.
Diario JUNIO
